“Toda ampliación del conocimiento llega a base de hacer consciente lo inconsciente”. Friedrich Nietzsche
Recuerdo cómo un compañero de la facultad siempre resolvía las conversaciones, los conflictos o las dudas existenciales con un refrán o un dicho popular. En aquella época no prestaba mucha atención a la sabiduría que escondían estas expresiones tan llanas y sencillas, pero últimamente me doy cuenta de lo certeras y profundas que pueden llegar a ser. Hoy me gustaría hablarles de una en concreto, un tanto soez pero no por ello menos aguda: “cuanto más te agachas, más se te ve el culo”.
En numerosas ocasiones no somos capaces de distinguir cuándo estamos atrapados en una relación descompensada, tanto a nivel personal como profesional. Sin embargo, hay una señal inequívoca que confirma que estamos siendo víctimas de una relación de una sola dirección y de que se están aprovechando de nosotros. Esta señal es, sin duda alguna, la indignación, y nada mejor que unos ejemplos cotidianos, y sus posibles soluciones al final, para demostrarlo.
1)- El amigo de toda la vida. Les hablo del típico amigo de la infancia que sólo busca su propio interés. Aquel que no para de hablar de sí mismo y que apenas se interesa por sus vidas. También puede ser proclive a ‘exigir’ múltiples favores, a llegar tarde a las citas y a no responder a sus llamadas o mensajes, a no ser que, por supuesto, requiera ayuda o atención casi de inmediato. Estas personas les hacen sentir en deuda con ellas y cuando no atienden a sus necesidades los desconsiderados son ustedes, de hecho creen que los buenos amigos, en realidad, son ellos. Un buen día deciden, por circunstancias económicas y prioridades de la vida, no asistir a su boda en Palma de Mallorca. Su amigo se indigna, arremete contra ustedes y les tacha de egoístas.
2)- El familiar aprovechado. Curiosamente suele ser un familiar político y no uno sanguíneo. Este familiar de segunda línea se ha quedado sin empleo y ahora se dedica a trabajar por libre. El entorno familiar y amistoso se ha solidarizado con su situación y le buscan -incluso se inventan- trabajillos de todo tipo. Por supuesto nadie le exige profesionalidad, ni facturas, él tampoco ofrece ni lo uno ni lo otro. Los trabajos que hace son flojos, más caros de lo normal y nunca los termina a tiempo. Resulta que un día necesitan un buen profesional del sector y, después de mucho meditar, deciden no darle el trabajo. Su ‘familiar’ se indigna, arremete contra ustedes y les tacha de egoístas.
3)- El empleado desagradecido. Llegaron a montar su empresa y la cosa fue muy bien. En su planteamiento filosófico siempre entendieron que si trataban bien a sus empleados, les pagaban más y les daban más tiempo libre, ellos estarían más contentos, rendirían más y la empresa iría mucho mejor. Así fue durante 10 años. Todo iba sobre ruedas hasta que de repente, por temas de salud personal, decidieron dejarlo y vender la empresa. Varios de sus empleados se indignaron, arremetieron contra ustedes) y les tacharon de egoístas.
4)- La pareja enganchada. Llevan mucho tiempo intentando dejar a su pareja pero no pueden. La otra persona está muy apegada y desde el primer momento requiere todo su tiempo, atención y cuidados. No están enamorados desde hace años y sienten que, sin ustedes, su pareja no podría salir adelante. Con el paso de los años la cosa se va enfriando hasta el punto de que apenas se ven y eso les ofrece un poco de espacio vital. Al poco tiempo se enamoran de otra persona y cuando su ex pareja (oficiosa) se entera del simple hecho, ni siquiera consumado, se indigna, arremete contra ustedes y les tacha de egoístas.
5)- El jefe amigo. Un supuesto amigo les convenció para que dejaran su trabajo (estable) y se fueran a trabajar con él. Insistía en que su valía era grande y que con él llegarían mucho más arriba y ganarían mucho más dinero. Y así sucedió, por lo que estarían ‘eternamente agradecidos’. Después de muchos años de trabajo y resultados excelentes por fin comprenden que la empresa va viento en popa sobre todo por su labor y valía profesional. Cuando se arman de valor y deciden pedir una mayor participación en los beneficios de la empresa, su jefe se indigna, arremete contra ustedes y les tacha de egoístas, y traidores.
Si han tenido la suerte de que alguno de estos personajes se haya indignado con ustedes por haber priorizado sus necesidades, están de enhorabuena. El primer paso para solucionar un problema es llegar a ser consciente de ello, aunque sea de manera involuntaria, y por lo tanto un hecho catártico que les agite emocionalmente no debería ser un conflicto sino una gran oportunidad. El segundo paso sería buscar estrategias (con recursos propios o ajenos) que le ayuden a retomar el control de la relación, a equilibrarla o a alejarse de ella, dependiendo de qué opción les convenga más. A continuación les sugiero alguna de ellas.
Solución 1): En el caso del amigo aprovechado, para dar la vuelta a la tortilla una buena estrategia sería imitar su comportamiento. Pedir un favor justo después de que les haya pedido algo, dejar de preguntar por sus asuntos o no mostrar interés por lo que les cuenta (el móvil les vendrá muy bien para esto último).
Solución 2): En cuanto a la pareja de su familiar directo, tarde o temprano tendrán que lidiar con el problema que, en realidad, como pueden imaginar, tiene que ver más con su consanguíneo que con otra cosa. Hay veces que ignorarse, parecer ‘despistado’ o ‘desconsiderado’ es la mejor y única opción posible.
Solución 3): Como jefes preocupados por sus empleados (o compañeros), seguramente cruzaron la línea profesional y entraron en el terreno de lo personal, de lo humano. Su decepción es consecuencia de juntar lo uno con lo otro y la solución podría pasar por entender que no se deben mezclar intereses ni jerarquías sin salir herido en el proceso. Igual ustedes están preparados para una relación así, pero sus empleados no.
Solución 4): ¿Cómo dejar de sentirse culpable por su pareja? En el terreno del corazón es difícil comprender con la razón, pero una posible solución -un tanto paradójica- sería mirar por sus propios intereses por encima de todo, aunque suene extraño. Cuando estén a gusto consigo mismos, podrán darse a sus parejas, a sus hijos o a sus amigos, si no lo están, siempre se sentirán insatisfechos.
Solución 5): Un jefe amigo resulta una contradicción, parece un lobo disfrazado con piel de cordero. Si ya se han dado cuenta de que son ustedes los que mantienen el buen funcionamiento del negocio, ya va siendo hora de que se lo monten por su cuenta o de que se asocien con otros socios más justos. Su actual jefe probablemente no dejará que se suban a sus barbas, si no, ya les habrían compensado mucho antes.
Quitarse a ciertas personas tóxicas de encima, o restringir su relación, no es fácil, pero a la larga es necesario, por pragmatismo y por salud emocional. En este grupo no he incluido a familiares directos (hijos, hermanos, padres) ni a otras personas con necesidades especiales que se valen de ustedes, pero he de reconocer que, en muchas ocasiones, el secuestro emocional sucede casi de la misma manera y sería igual de saludable dar un giro a la relación, o al menos compensarla. Recuerden que no hay parásito sin huésped.
“Para eliminar las influencias negativas, simplemente no les hagas caso”. Lao Tse