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El Madrid se aburre de perseguir al Barça y gana al Almería por inercia

LIGA BBVA - JORNADA 34: REAL MADRID 3 ALMERÍA 0

Diego García | Viernes 01 de mayo de 2015
Los goles de James -de excepcional volea-, De Santos en propia meta y Arbeloa cerraron un partido de guión plano y monótono. La apatía madrileña dio alas a un Almeria que sorprendió sin rematar. Con este triunfo de bostezo, los de Ancelotti recuperan los dos puntos de desventaja con respecto al líder. Por Diego García


Jornada de presunto trámite en Chamartín, esta trigésimo cuarta. Visitaba el Bernabéu un Almería en plena sala de urgencias, con Sergi Barjuan, el nuevo técnico, en el papel de salvavidas. Los andaluces bordean las plazas de descenso y llegaban a la capital sin más complejos que los que le marca la fuerza de la necesidad. La victoria del Barcelona en el día precedente parecía apagar el ardor de la remontada merengue, que afrontó el envite con más autocomplacencia de la digerible por la tribuna.

Carlo Ancelotti activó su concepto de las rotaciones para disputar este partido. Así, Navas volvía a sustituir a Casillas en casa -amortiguando los silbidos al capitán de capitanes-, Illarramendi regresaba al centro del campo, como pareja del doble pivote que formaría con Kroos y Jesé recuperaba el escaño en el extremo diestro. James buscaría el hilo entre líneas y Ronaldo y Chicharito culminaban la punta de lanza. La victoria como obligación rutinaria en un 4-4-2 que apuntaba Arbeloa en la derecha y Coentrao en la izquierda.

Sergi apostó de inicio por un once de repliegue capacitado para lanzar contragolpes y posesiones lúcidas, con Corona, Verza y Thomas en la creación medular, el desborde de Edgar y la astucia rematadora de Hemed. Los laterales, largos, definirían lo ambicioso de la propuesta. Sostener el achique para ganar metros, confianza y profundidad con el paso de los minutos.

Abrió fuego el segundo clasificado con diez minutos de combinación eléctrica y concentración firme. Fruto de lo voluptuoso de la intencionalidad competitiva James cabeceó lamiendo el poste en el primer intento y Ronaldo probó a Andrés en el 7. Se atisbaba otro día en la oficina madrileña. Pero el Almería mostró, con rapidez, su capacidad para discutir el tempo del duelo y la calma en la asociación local. La movilidad del centro del campo almeriense desconcertaba el caos organizativo central de los pupilos de Ancelotti.

En plena caída de revoluciones e intensidad capitalinas, los rojiblancos crecían en confianza, degustando el sabor del dominio de la pelota en el coliseo merengue, con brillantez asociativa en estático. El equilibrio repelía la horizontalidad de un Madrid que dependía del acierto de James para no condenarse al centro desde la banda y el desborde en solitario. Con el protagonismo del choque en manos andaluzas, dada su personalidad, Mané envió el primer susto con un disparo que rozó la madera de Navas. Hemed ejercía de fijador capaz de retener la pelota y desahogar el esfuerzo del encierro visitante.

Quemada la primera media hora, el Madrid dominaba el esférico con posesiones planas, sin impronta en el desarrollo del guión de partido y limitadas sus opciones de peligro al balón parado. Dos faltas botadas por Ronaldo desde larga distancia -una de ellas casi topa con el larguero-, un saque de esquina, lanzado en corto, que cayó en los las botas de Kroos para el chut muy desviado del teutón, representaba el bagaje ofensivo de la gélida creatividad local.

El primer acto se precipitaba hacia el descanso con el bostezo y cierta brisa de silbidos en las gradas, visto en espectáculo ofrecido. La intensidad andaluza superaba con creces la madrileña y la "timidez" en el esfuerzo solidario del gigante empequeñecía su calidad, generando espacios que Thomas expoltaba sin concretar en llegadas a la meta del costarricense. Pero apareció el faro único de este tramo final de temporada, James, para detonar el marcador y recomponer la figura de su equipo. Un balón suelto, producto del mal despeje de la zaga visitante, tomó forma en una volea estruendosa del colombiano que dibujó una trayectoria hasta besar el larguero como preludio de su encuentro con la red. El 10 cafetero rescataba el suspiro de los suyos para ir por delante al descanso. El Almería había brillado pero la pegada del coloso reclamaba la atención.

Y, tras la reanudación, sin cambio de pentagrama ni de nombres, el partido se rompió en el 49. Otra vez como consecuencia de la pizarra. Un saque de esquina lanzado por Kroos llegó a las botas de un voluntarioso Jesé, que trazó el envío de vuela al alemán. El 8 centró con veneno y Ronaldo llegó al remate para sentenciar a placer. No lo consiguió porque De Santos se anticipó para ser, él mismo, en encargado de firmar el 2-0. El tanto en propia meta del central supuso una estocada que provocó el viraje del planteamiento de Sergi.



Sacó del césped a Edgar para dar entrada a Zongo en el 57, probando la efectividad de la velocidad del africano ante la desidia en las coberturas del centro del campo local, y el Almería reaccionó en un tramo no muy largo, ganando llegadas por banda y saques de esquina. Todo ello sin consecuencias. Ancelotti empezó a otorgar descanso y el lateral del Barça del Dream Team entendió que llegaba el momento de pensar en el siguiente duelo y cerrar las puertas a la ambición para amarrar el orgullo en la defensa del arco de Rubén. Thomas -el mejor de los andaluces- dejó su lugar a Espinosa, Isco y Lucas Silva entraron por James e Illaramendi -descorazonado mediocentro, sin alma ni ángel- y Verza completaba el intervalo de sustituciones sentando su relevante trabajo para la llegada al duelo de Azeez.

El paso atrás del Almería fue interpretado por el Madrid como una invitación al lucimiento de piezas no habituales como Isco. El artista malagueño disparó los decibleios y verticalidad de los suyos en transición y la tribuna lo agradeció. Sólo varió el ritmo su equipo con la irrupción de las ganas del mediapunta español. Un desborde con asistencia a Ronaldo fue rematado demasiado cruzado por Ronaldo en el 70. Por el camino Varane cabeceó fuera otro córner.

Se multiplicaba el número de llegadas de los pupilos de Carletto al galope del contragolpe y del cansancio almeriense. Chicharito perdonó su tanto al rematar sin encontrar palos un centro afinado de Ronaldo en el 73, futbolista que pereció en su intento por sumar otro tanto a su lista por el pichichi en una conducción de contraataque que concluyó, obviando la presencia de compañeros, con un chut muy desviado desde la frontal. Un remate muy alto de Zongo tras robo ejecutado sobre Isco supuso la relación completa de llegadas andaluzas hasta el desenlace.

Hubo tiempo para ver otro gol antes de que se sellara el triunfo del apático bloque local sobre el rebelde de brazos caídos que representó el Almería. Chicharito dibujó un desmarque con centro al área en el 84 que Arbeloa remató a la red, consiguiendo cerrar el trámite con más lustre estadístico del merecido comprobado el desarrollo de estos 90 minutos de intensidad bajo cero, inseguridad de la pareja Pepe-Varane -que no supo morder la impotencia visitante- y un gran damnificado: Illarramendi. Kroos volvió a disputar todos los segundos de otro duelo intracendente, Lucas Silva sigue sin encontrar el carril del balompié europeo e Isco mostró mejor actitud en la digestión de su suplencia. El Madrid volvió a aferrarse al Barça con el mínimo necesario.

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