Opinión

El manicomio mediático

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

José Antonio Ruiz | Viernes 01 de mayo de 2015

Un país para hacérselo mirar. Pongamos que hablo de España, donde tenemos lo que merecemos: periodistas mamporreros, cortesanos del poder, que se pasan el día y la noche haciendo felaciones; y aprendices de dictador con vocación sobrevenida de salvadores de la patria. Si seguimos en pie, es porque afortunadamente en uno y otro bando todavía queda gente decente, y mayormente fuera de ambos circos, donde abunda de lo malo lo peor.

Como diría con sorna Luis Ciges, el entrañable criado de los Marqueses de Leguineche en La escopeta nacional de Berlanga, el truculento minifundio ibérico de los Media es lo más parecido a la «descojonación».

Hace medio siglo, Televisión Española, «botín de guerra» (Montanelli), era «la mejor TV de España», para gloria y lucimiento de «Paca la Culona» (Queipo de Llano dixit), propaganda de Estado para Forrest Gump.

Cincuenta y tantos años después, «under the same moon» nos encontramos. Los medios de comunicación (públicos, privados, concertados, medio-pensionistas, españolistas, regionalistas, folcloristas o cantonalistas) se cuentan por dodecasílabos, y donde ayer se hablaba de «la televisión del régimen», hoy se habla de «televisiones, radios, periódicos y libelos de partido».

No hace falta ser una lumbrera del periodismo y trabajar en el Financial Times para destapar la exclusiva mundial de que TVE es un «instrumento de propaganda al servicio del PP», como antes lo fue del PSOE, y mucho antes del Generalísimo.

Mal que nos pese, el «avispero mediático» sefardí (Raúl del Pozo) es como la Historia de la locura de Michel Foucault, pero a lo bestia y en clave de risa, pues este cortijo nuestro sigue siendo la "tierra de los conejos" que describieron los fenicios: un ruedo pastueño de guerras mediáticas, componendas, antenicidios, espectrazos, decretazos, platajuntas, listas blancas y negras de gacetilleros, compradores de silencio, orgías desenfrenadas de bragas de Loewe, y falsas promesas incumplidas de regeneración democrática. Como en otras etapas oscuras de la historia, a la sombra del descabellado toro de Osborne vuelven a correr malos tiempos para la libertad de expresión.

González regaló a Polanco oro, incienso y mirra; Aznar superó la dote de Felipe, no sin antes haber fracasado en su intento de crear una Contra-Prisa; Zapatero se limitó a bendecir y engordar el usufructo mediático de sus ilustres predecesores, no sin antes sacarse de la chistera una Sexta carta marcada (el ‘As de Roures’, el Televisionarium de La Corte del Faraón del casto José) por si acaso había necesidad de bajarle los humos de la decadente prepotencia a los desorientados herederos de don Jesús; y Mariano, a lo más que ha llegado el pobre, que en estas lides no da más de sí, es a repartir una nueva tanda de canales de televisión, en plena campaña electoral, y permitir que su ministro de Injusticia y Censura vaya por ahí haciendo el mongui a costa de ocurrencias propias de tiempos pretéritos, de cuando el facherío.

Mucho más que tratar de averiguar qué famoso futbolista tiene la guarra costumbre de comerse las uñas de los pies, debiera preocuparnos que un menda que manda se plantee, de palabra, obra u omisión, multar a los medios que se atrevan a publicar filtraciones judiciales, alegando la protección de la confidencialidad y la salvaguarda de la presunción de inocencia.

Dice ahora el susodicho que no dijo lo que dijo, pues se limitó a dejar caer que no estaría de más abrir un proceso de reflexión acerca de la reinstauración de la censura franquista. ¡Anda, machote! ¡Mejor será que no te empeñes en arreglarlo!

Ambicionábamos la revolución mediática -¡qué ilusos!-, y camino llevamos de acabar peor que estábamos en los años aciagos del NODO.

España, país -¡qué país!- de opinadores y porteras, a cuyo lado la entrañable portera de André Gide es Aristóteles.

Pluralismo ideológico, gran farsa. Modelo concesional, la perversión del favor por favor en grado superlativo. Cama redonda, bacanal de castas, políticos, periodistas y gente de mal vivir. Stalin: gacetilleros, ingenieros de almas. Homenaje a Erasmo (José Luis Gutiérrez). Liberalización, involución. Apesebramiento institucional. Hoy por ti, y mañana por mí. Cosa Nostra (…) A falta de unos buenos ejercicios espirituales dirigidos por Barriocanal, el ‘Cuarto Poder’ está pidiendo a gritos su refundación, o cuando menos una sátira inmisericorde de Juvenal.

Como la barcaza mediática siga dando tumbos a la deriva, naufragando en la ciénaga del please please (favor por favor a cuenta de la realpolitik que Bismarck se sacó del mostacho), acabaremos todos como Cánovas, perdiendo la fe en el sufragio universal, en la libertad de expresión y en los españoles.

¿Quién controla a quién? ¿Los medios al Gobierno, o viceversa? - ¿El poder de los medios? ¿O los medios del poder? - ¿Es una vieja alarma infundada plantear que los tiempos de estrecheces económicas y de relativismo existencial suelen ser propensos para que prosperen los modelos clientelares? ¿De veras la escena del sofá del Tenorio quedó circunscrita a la Sevilla de Carlos I de España?

Sí, ya sé que estas elucubraciones sólo las pueden hacer quienes se han caído de un guindo del Valle del Jerte; pero mal camino llevamos si el de la información (excluida queda, deliberadamente, la industria del entretenimiento) se ha convertido, única y exclusivamente, en un negocio como cualquier otro.

Ni los políticos ni las empresas periodísticas, en sentido genérico, son gentes de fiar. Mienten más que Yago, el alférez del Otelo shakesperiano, porque en su inmensa mayoría responden a intereses obscenos (el poder y la cuenta de resultados) que les inhabilita, a los unos para erigirse en paladines del bien común, y a los otros para ejercer de predicadores chusqueros de la verdad y el pluralismo.

Ahora lo que se lleva es el periodismo macarra y de partido. Alcanza tales cotas de desvergüenza el grado de compadreo entre periodistas militantes y políticos figurantes (en su inmensa mayoría incapaces intelectuales los unos y los otros), que la cuadra se parece más, cada día que pasa, a un inmenso catre donde todos retozan juntos y revueltos, aunque la singular orgía guarde muchas más afinidades estéticas con un puticlub casposo y soez iluminando la noche viciosa de cualquier carretera nacional tardo-franquista, que con un prostíbulo veneciano de los tiempos de Lord Byron.

Sólo queda claudicar a la evidencia y aplaudir el buen hacer de los brujos visitadores de Moncloa, al tiempo que reconocer como un axioma incuestionable que hoy por hoy son más los comisarios políticos que ejercen de libelistas, que los auténticos informadores que se limitan a hacer su trabajo.

Vuelve la televisión del Movimiento, que nunca se fue. Hace 38 años, el 3 de octubre de 1977, el Gobierno de Adolfo Suarez (que alucinaría si supiera que el histriónico José Bono, perejil de todas las salsas, se erigió por un día en artífice de una singular campaña de desagravio), exoneró a las emisoras privadas de la obligación tardo franquista de conectar sin rechistar, o sea, por cojones, con el Parte de Radio Nacional, es decir, con el boletín propagandístico del régimen, con el NODO radiofónico de las dos y media de la tarde y de las 10 de la noche, rancio como la España sórdida de los últimos años del Caudillo y de los primeros sarpullidos acnéicos, democracia adolescente, de la Transición.

Como si fuera ayer, parece que volvemos a las andadas. Se supone que los medios de comunicación eran instrumentos de autodefensa de la sociedad. Pero lo mismo era mucho suponer, querido Justino (Sinova), teniendo en cuenta la fácil predisposición de muchos colegas que acostumbran a cambiar de bando, que saltan de una carroza a otra en función de la dirección en la que sopla el viento, y que en lugar de actuar de contrapoder al poder, una y otra vez demuestran su extraordinaria pericia a la hora de ponerse al servicio del poder a fin de poder seguir medrando.

Gisele Bündchen ha querido celebrar su veinte cumpleaños en las pasarelas posando desnuda en la portada de Vogue Brasil. Y Mariano se ha propuesto disputar a Alfred Hitchcock el título de ‘maestro del suspense’.

El Mundo y ABC se hunden en la miseria de los kioscos por la ‘Thermomatic’ de La Razón, el libelo de Planeta, que les ha adelantado por la derecha gracias al robot de cocina que tanto furor ha hecho entre los lectores (del manual de instrucciones, que no del periódico). El éxito ha sido tal, que Marhuenda amenaza ahora con un juego de sartenes biológicas por sólo diez cupones. A la vista está que Alfonso Ussía andaba sobrevalorado, pues los méritos hay que atribuírselos al instrumental de cocina de las promociones.

«Ara és l’hora»… de nuestra muerte. Amén. A Casimiro García Abadillo, el último caído en desgracia. Y los que todavía están por venir.