EL IMPARCIAL | Lunes 04 de mayo de 2015
El cese de Juan Carlos Monedero es el colofón de una serie de turbulencias que vive Podemos desde hace ya tiempo. A los desencuentros de la actual cúpula con los candidatos de distintas provincias se une el resultado de las andaluzas que, si bien fue objetivamente bueno, quedó muy lejos de las expectativas de sus dirigentes. Las últimas encuestan sugieren que el partido de Pablo Iglesias comienza a perder fuelle, acusando el haber empezado a esprintar demasiado pronto.
No hace mucho, todo apuntaba a que Podemos acabaría por fagocitar a Izquierda Unida, aunque a día de hoy las cosas se ven con algo menos de claridad. Pablo Iglesias y los suyos son la novedad, y eso juega a su favor. En su contra está que esa misma novedad se traduce en candidatos bisoños y sin mensaje claro, lo que acaba por desencantar a más de uno. Iglesias ha comprendido que, en la España actual, la mayor reserva de votos se encuentra, de lejos, en el centro del espacio político, lo cual descoloca a un partido que nació extremista. El movimiento hacia el centro, en un partido radical y de extrema izquierda, produce un discurso ambiguo que suena a hueco: de ahí la crisis “monedero”. No es lo mismo capturar una corriente de votantes irritados que movilizar los millones de votos necesarios para ganar unas elecciones generales.
Izquierda Unida, sin embargo, conserva la vigencia de sus siglas y una trayectoria en el tiempo que la hace reconocible, pese a que muchos se dejen seducir por Podemos. Si es capaz de superar crisis tan graves como las de Madrid y dar con la tecla de candidatos con tirón, contará todavía con una oportunidad antes de las generales. Todo pasa por lograr un resultado decente en las municipales y autonómicas de mayo.