Opinión

Adiós al independentismo

TRIBUNA

Agapito Maestre | Miércoles 06 de mayo de 2015

El fin del bipartidismo podría acabar con el independentismo. Si así fuera, tendríamos que agradecérselo, en primer lugar, al partido de Albert Rivera. C´s nunca ha flirteado con los nacionalismos. Es una diferencia y, sobre todo, una ventaja respecto a los partidos clásicos. C´s nunca ha hecho concesión alguna a los nacionalistas. C´s, y en esto tiene una larga y sólida experiencia de casi diez años, podría llegar al gobierno de la Nación embridando con contundencia el independentismo de los nacionalistas catalanes. En todo caso, independientemente del futuro electoral que tenga C´s, una cosa habrá que computarle ya en su haber, quizá también debería contarse en los réditos de Podemos, a saber, estar torciéndole el brazo al nacionalismo catalán e indirectamente al vasco. ¡Casi nada!

La fuerza de los nacionalistas, que estaba fundamentada en ser partidos bisagra para determinar la gobernabilidad de España, está desapareciendo. El nacionalismo catalán preocupará cada vez menos en España, entre otros motivos, porque la gobernabilidad ya no dependerá de los partidos nacionalistas, cuyo único objetivo es la independencia de Cataluña, sino de cuatro partidos nacionales (C´s, Podemos, PP y PSOE). El cambio es notable. La compleja estabilidad gubernamental que se planteará, después de las elecciones generales, traerá algo buenísimo: no dependerá del chantaje, casi extorsión, a que CiU ha sometido sistemáticamente a los partidos nacionales.

El problema catalán está pasando a segundo término y, naturalmente, situará pronto a los nacionalistas, si se cumplen las predicciones de las encuestas, en lo que son: partidos regionalistas. Por suerte, el fin del bipartidismo, que algunos lloran como un grave problema, traería una solución: los cuatro partidos preponderantes, partidos nacionales, darían al traste con la cuestión chantajista, casi delictiva, del independentismo catalán. La incertidumbre pluripartidista de España traería paradójicamente algo bueno. Ninguno de los nuevos partidos dependería de los nacionalismos. Ahí, insisto, tendremos que situar el gran activo de C’s: un partido político nacional surgido en el mismo vientre de la ballena independentista. Tiene su mérito.

No me extraña que el independentismo catalán esté asustado ante lo que se le avecina después de las generales, especialmente conociendo la oposición sistemática y rigurosa que les ha hecho C´s en Cataluña. La experiencia acumulada por los de Albert Rivera, en el parlamento de Cataluña, contra los independentistas será pieza clave en el futuro no sólo para reducir las ínfulas independentistas de los nacionalistas catalanes, sino también para que la llamada cuestión catalana pase a un segundo o tercer término de las preocupaciones nacionales. Esperemos que, al fin, primen los intereses generales, y el primero de ellos es la nación, sobre los particulares e independentistas, gracias a los cuatros partidos surgidos de las próximas elecciones generales.