Y DIGO YO
Javier Cámara | Jueves 07 de mayo de 2015
Una vez más, los intereses de los ciudadanos van por un camino totalmente distinto a los que tienen los partidos políticos, que no hacen nada por intentar complacernos. Y el mejor ejemplo lo tenemos ahora mismo en Andalucía. Yo quiero saber qué partido y bajo qué condiciones va a apoyar la investidura de Susana Díaz y éstos se empeñan, para trastorno de la presidenta andaluza todavía en funciones, en no hacerse ninguna foto que les pueda comprometer con el PSOE.
En lo que podría ser entendido como una metafórica elevación del dedo corazón, nadie quiere mostrar sus cartas y dar un soporte a los socialistas que les deje marcados para las próximas municipales y autonómicas del 24 de mayo. En primera fila están Podemos y Ciudadanos, que no se quieren mojar porque eso, paradójicamente, puede significar quemarse.
Dos partidos ideológicamente opuestos que, sin embargo, comparten métodos para hacer política con el aprovechamiento máximo de las redes sociales y el discurso ágil en radio y televisión, que coinciden en su crítica feroz a los partidos tradicionales, que no tienen experiencia de gobierno y que, a pesar de esto último, las encuestas y sondeos vaticinan que obtendrán un poder que no quieren perder retratándose con una heredera de la casta.
Y digo yo: ¿Están Podemos y Ciudadanos calculando demasiado cuál es el coste político de pronunciarse en Andalucía? ¿A quién perjudica tanto retraso, además de al PSOE andaluz? ¿Beneficia de alguna forma toda esta situación de parálisis en Andalucía al PP?
Pablo Iglesias decía que su único rival era el PP. Quizá haya reconsiderado esta afirmación y cuente con Ciudadanos como una formación, tan emergente como Podemos, que puede arrebatarle protagonismo y votos a mansalva. De momento, la bronca es evidente. El intento de desprestigio de uno hacia otro, orquestado, además, desde ese país que nos gusta tanto que es Venezuela, hace pensar que los círculos bolivarianos se están tomando en serio a Albert Rivera en la carrera.
Pero tanto titubeo de morados y naranjas está dando alas al PP de Moreno Bonilla, que ha pasado de estar relegado en el debate a escuchar por lo bajo como el PSOE le sugiere sibilinos apoyos y pactos, que, de momento, no pueden reconocer. La cuestión es que Andalucía, banco de pruebas de lo que puede ocurrir en el resto de España y que Rajoy no pensaba que fuera extrapolable, no tiene Ejecutivo y esto nunca es bueno para el pueblo ni para la gestión de la cosa pública.
Ahora, de una manera u otra, el segundón defenestrado puede tener en su mano conseguir para todos sus compañeros de partido un acuerdo a nivel nacional por el que la lista más votada sea la que gobierne. De ser así, no habrán sido tan malos los resultados en las elecciones andaluzas para los populares, que verán asegurados los gobiernos en bastantes plazas, como nos ha adelantado el CIS publicado este jueves.
Y dicho todo esto, vemos que el debate en España será si se hace absolutamente necesario cambiar la ley electoral y contemplar la segunda vuelta en unas elecciones o, sobre todo, si Susana será presidenta antes de julio.