La aspiración de autores como Francisco Giner de los Ríos o Nicolás Salmerón durante los últimos años del siglo XIX era la introducción en España de las teorías pedagógicas y científicas que se estaban desarrollando, con éxito, fuera del país. Por ello, en 1876 tomaron la decisión de crear la Institución Libre de Enseñanza con la intención de impartir clase a universitarios. Tal fue su fama que, pocos años después, se empezaron a dar aulas para alumnos de primaria y secundaria.
Este proyecto fue presidido en un primer momento por Laureano Figueroa y junto a catedráticos como Giner de los Ríos tuvieron que poner en marcha un plan educativo laico independiente del Estado. Entre los colaboradores que pasaron por estas aulas estaban Antonio y Manuel Machado, Miguel de Unamuno o Emilia Pardo Bazán.
Tres décadas después, y como herencia de esta Institución, Santiago Ramón y Cajal determinó la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Este proyecto siguió evolucionando con los años y en 1910 abrió sus puertas la Residencia de Estudiantes.
La Residencia de Estudiantes
Las estancias de este lugar eran un punto de encuentro entre investigadores y científicos, por ello en las diversas charlas que se organizaron, los autores intercambiaron conocimientos culturales, teatrales y deportivos. Tal fue el prestigio que la Residencia de Estudiantes se convirtió en un sitio obligatorio de paso para Premios Nobel como Severo Ochoa o Albert Einstein. El centro también fue pionero en el acceso de la mujer a los estudios superiores. Es por ello que María Zambrano o Felisa Martín Bravo fueron alumnas de la Residencia de Estudiantes. Pero no sólo los alumnos fueron emblemáticos. Como profesores, pasaron pos us aulas Ortega y Gasset, María de Maeztu y Salvador Dalí.
Hasta el estallido de la Guerra Civil española, la Residencia adquiere un reconocimiento internacional, pero en 1939 este centro fue asaltado por el ejército franquista y se convirtió en un comedor para los oficiales de tropa. Una vez acabado el conflicto, las instalaciones sufrieron una auténtica transformación y se creó el Centro Superior de Investigaciones Científicas.
Hoy en día y con un siglo de vida, la Residencia continúa siendo un referente cultural. Cada año pasan por sus habitaciones 3000 personalidades relacionadas con el mundo de la cultura y la investigación. Sin embargo su estancia más importante es el Centro de Documentación, donde se pueden consultar los testimonios de muchos de sus primeros habitantes.