Opinión

Utilidad de una campaña electoral

Agapito Maestre | Miércoles 13 de mayo de 2015

Las campañas electorales para pedir el voto también sirven para observar la capacidad de persuasión de los políticos, o mejor, nos dibujan con nitidez qué es un político. Nos enseñan qué es un líder político para mejorar una débil democracia acosada por la corrupción. Nos muestran el camino del arte de la política de todos los tiempos, siempre marcado por la seña indeleble de la antigüedad grecolatina, que el gran Maquiavelo rescató para nosotros, a saber, quien quiera ejercer la política como profesión tendrá que ser consciente de las diferencias entre la ética y la política. Sin fortaleza mental para soportar las paradojas éticas generadas por el propio político uno no puede dedicarse la política. Nadie busque la salvación de su alma a través de la política, porque ésta tiene unos afanes diferentes que sólo se pueden llevar a cabo, como dice Weber, a través del poder. La verdad del político no es la salvación individual de su alma sino la defensa de la grandeza, como decía Maquiavelo, de la ciudad-patria. Del bien común. Además, no es suficiente administrar bien y con transparencia las cosas, sino que se necesitará un proyecto político, un gobierno de personas, que haga posible lo imposible.

Las campañas electorales son un ejemplo más para recordarnos esta verdad que prueba la historia de las ideas políticas; en efecto, desde Platón hasta Weber y Ortega, pasando por San Agustín y Maquiavelo, pocos pensadores de la política, independientemente de su mayor o menor realismo, han dudado de esa prueba de la historia: no hay política, no se construyen bienes en común, si el político no intenta hacer posible lo imposible.¿Qué líder político, entre todos los que participan en esta campaña electoral, da pruebas inequívocas de que tienen razón esos filósofos de la política?, ¿qué político nos ofrece más argumentos para creer que puede hacerse posible lo imposible?, ¿qué político tiene mayor capacidad de ilusionar a la nación?,¿qué político hace política a lo grande, o sea que político es capaz de devolverle a los representantes de las instituciones públicas el orgullo de ser políticos españoles? Busquen, queridos lectores, entre todos los que peroran en la calle hasta el día 24 de mayo, y hallarán a más de uno que pretenda “hacer política a lo grande”. Seguro que encuentran a alguno que sepa que hacer política es mucho más que llevar a cabo una acción aislada, se trata de persistir en una idea hasta el punto de convertirla en una máxima nacional.

Necesitamos políticos que no se asusten ante nada. Ni se amilanen ni se achanta ante nadie. Necesitamos políticos con carisma. Nuestra democracia está pidiendo a grito sinceridad y frescura basada en el carisma del político que es, sin duda alguna, otra manera de devolverle a la política su dignidad. Por fortuna, la maquinaría política no ha terminado con el político, o sea, con gente que tenga coraje y responsabilidad necesarias para que los ciudadanos se sientan libres. Necesitamos, en fin, volver a poner en valor la importancia de la política, o mejor, del hombre político para que una sociedad no se deje enajenar su más preciado bien: ser ciudadano de una nación. Quien no paga algo, aunque sea muy poco, a la nación, difícilmente se sentirá orgulloso, y menos aún defenderá, a esa comunidad que le permite ser, nada más y nada menos, que ciudadano. Una campaña electoral es la gran oportunidad, aunque algunos se obstinen en no reconocerlo, para que emerja la imagen del político carismático, del político, hoy más que nunca, necesario para desarrollar una democracia avanzada. No es energía, dotes de mando y capacidad de decisión, sino carisma, gracia, el valor imprescindible para dedicarse a esta complicada profesión. Sin carisma es imposible comprender los logros de personas como Rivera... El carisma democrático es algo que está en el límite de la política, pero quien lo confunde con la personalidad autoritaria nunca entenderá la grandeza de la política. Una campaña electoral, en fin, es otra manera que tienen los ciudadanos para evaluar la calidad de nuestra democracia a través del carisma de sus candidatos.