Cultura

Giner "sorprende por la audacia de sus planteamientos y por su modernidad"

ENTREVISTA

José Carlos Rodríguez | Jueves 14 de mayo de 2015
José García-Velasco, vocal de la Fundación Francisco Giner de los Ríos, analiza la figura del intelectual y pedagogo, considerado el "primer español moderno", en el año en que se conmemora el centenario de su muerte.

El 18 de febrero de 1915 moría en Madrid Francisco Giner de los Ríos. Cien años más tarde su vida, su obra, siguen despertando interés. Este año se aprovecha el centenario para recopilar su labor y reflexionar sobre sus logros y lo que pudo haber sido de no haber sido España víctima de aquéllos años de radicalismo; un radicalismo que condujo a la Guerra Civil.

Giner de los Ríos fue, según el hispanista J. B. Trend, “el primer español moderno”. Lo recuerda José García-Velasco, de la Fundación que lleva el nombre del intelectual y pedagogo español. Su nombre está unido a la Institución Libre de Enseñanza, entre otras instituciones. Pertenecía a un conjunto de intelectuales, de inspiración krausista muchos de ellos, que quisieron contribuir a transformar nuestro país con ideales hoy asumidos, como la tolerancia, pero entonces no tanto.

Pudo aprovechar la revolución de 1868 para inspirar una reforma universitaria, además de contribuir a la redacción de algunos de los artículos de la Constitución del 69. Pero “es consciente del fracaso de la experiencia democrática de 1868/73, y llega a la conclusión de que el problema de España es un problema de educación”, como dijo su discípulo Bartolomé Cossío al hablar de su pensamiento.

En este contexto surgió la idea de crear la Institución Libre de Enseñanza. La conciben “con la idea de la educación como un continuo, entonces toman como modelo la Universidad Libre de Bruselas, de inspiración krausista, financiada por la masonería. Ellos tenían un socio capitalista, mientras que la Institución se crea como una sociedad anónima, y en aquél Madrid, una universidad privada y laica era muy difícil de sostener”.

Pero sigue adelante en Primaria y Secundaria, “concebida como un laboratorio, para ir teniendo experiencias, que luego se irían generalizando, a medida que luego tuviesen instrumentos para poder pasarlos a la pública”.

Sin embargo, en 1882, sus propuestas son rechazadas por el Congreso Pedagógico Nacional. Giner y el resto de institucionalistas se enfrentaban a la confluencia de dos sectores. Por un lado, “la oposición de un sector del catolicismo. Especialmente el vinculado a las órdenes religiosas, y sobre todo las que están dedicadas a la enseñanza, que habían sido expulsadas anteriormente en Francia”. No de todo el catolicismo, como demuestra que en el ABC siempre se haya elogiado a la ILE, pero sí otros medios como El Debate o Razón y fe.

Y, por otro lado, “un conjunto de profesores que considerasen que es una amenaza”. Giner cree que “la educación, y no la mera instrucción, debe ser el objetivo de la enseñanza. El objetivo es que las personas tengan unas aptitudes capaces de afrontar el futuro y responder ante él”, y por eso plantea “una formación interdisciplinar, que debe incluir, por ejemplo, los trabajos manuales”. Muchos profesores no se veían preparados para ese reto.

Pero la ILE salió adelante, y contribuyó a la “edad de plata” de la cultura española, como se le ha llamado a las décadas cercanas al cambio de siglo. La institución, señala García-Velasco, “pudo, en muy pocos años, abrir un montón de escuelas y de institutos porque había un gran precedente, y había generaciones enteras de maestros formados en el Museo Pedagógico. Es decir, que se había hecho una labor importante, y se había creado una masa crítica”.

Sus impulsores, además, crearon otras instiuciones, como el Museo Pedagógico o la Junta de Ampliación de Estudios, o la Comisión de Reformas Sociales, que luego deviene en el Instituto de Reformas Sociales, que son como “think tanks”, dice el profesor, quizás inspirados por la Sociedad Fabiana. De hecho, la labor de Giner de los Ríos y de otros institucionalistas, como Gumersindo de Azcárate, va más allá de la educación y está volcada, en última instancia, a la reforma social. “Puede leerse la Guerra Civil como un enorme fracaso de la España propuesta por la Institución”, dice García-Velasco.

La reconstrucción del patrimonio cultural español, con una labor “hercúlea” por parte de los institucionalistas, y la tolerancia, son otras de sus aportaciones.

¿Dónde debe acudir alguien que tenga interés por conocer a Francisco Giner de los Ríos y su obra? “En este momento estamos haciendo una reedición de sus obras”, señala García-Velasco. Está a punto de salir una antología de Gonzalo Capellán de Miguel, y la Fundación que lleva su nombre, junto con Acción Cultural Española han sacado una revisión de su obra en tres volúmenes, bajo el título La Institución Libre de Enseñanza y Francisco Giner de los Ríos: nuevas perspectivas.

A juicio de José García-Velasco, que ha contribuido en la edición de esta obra, “hay que conocer sus obras, porque cuando lees sus textos, sorprende la audacia de sus planteamientos y por su modernidad. Y no sólo por lo que se refiere a la educación, sino también en cuestiones como la sociedad, religión, el derecho...”. Una oportunidad muy a propósito para volver sobre uno de los intelectuales españoles más influyentes.

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