Opinión

Un día estimulante

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Domingo 17 de mayo de 2015

Con expresa y declarada imitación de un afortunado título novelístico, un día en la modesta existencia de un lletraferit residente en una ciudad que conserva, a la altura primaveral de 2015, el estado de gracia al que fuera elevada por el amor y el talento de innúmeras generaciones, dignas de gratitud y permanente enaltecimiento.

En hora de maitines, un guardia de seguridad abre, sonriente y atento frente a varios temerosos pacientes, la puerta de la sala de espera de un acreditado centro hospitalario. Poco antes de la hora prevista, llegan, solícitos, los encargados de trasmitir los expedientes de los enfermos. Amables y diligentes dan el salvoconducto correspondiente a los citados ese día para diversas pruebas relacionadas con la eterna disputa entre infirmidad y salud, duelo reduccionista pero no por ello menos implacable que el que antagonizaran eternamente la vida y la muerte. A continuación, A.T.S. no menos afables y eficaces ponen de inmediato manos a la obra… Después, como cima y remate del protocolo establecido para los llamados “preoperatorios”, médicos anestesistas de la mayor exigencia profesional ponen sus indicaciones en el término del documento ad hoc. Todo pulcro, rápido, cordial, eficiente, con un público en completa armonía con el clima de seguridad y recatada contención reinante en un centro embargado todo él por la omnipresencia del dolor. No es un sueño ni un milagro. Estamos, sí, en la España de comedios de un año de singular trascendencia política, pero como otros muchos anotados en el pasado y que asimismo registrará el futuro de uno de los países más atractivos y fascinantes en la larga historia del planeta Tierra.

Mediada la mañana, otra ida a una flamante clínica especializada acompañando a un familiar. Idéntico ambiente en una atmósfera de especialización extrema, en la que la institución sanitaria –asentada sobre el esfuerzo y la ardida vocación de cuatro generaciones de oftalmólogos- descansa en un engranaje envidiablemente engrasado, en el que nada falta y todo está –o semeja- previsto. Otro diez para el centro y sus responsables.

A continuación, al filo ya de un luminoso mediodía, reunión con los pilotos de una editora de tipo medio, de reciente creación, mas de inmediato prestigio por el buen hacer y la formidable creatividad de sus guías e integrantes. Conversación fruitiva, pero forzosamente abreviada acerca de los temas y personas de mayor proximidad a las inquietudes y gustos del cronista. Acuerdo entrambas partes en punto a las cuestiones siempre difíciles entre intereses culturales y económicos, sobre todo, en tiempos de austeridades y decadencias del mágico, hechicero mundo de la galaxia Gütemberg.

Tras todo ello, una tarde de intimidad hogareña. Entre las numerosas carencias del articulista, una de las más lamentadas es la musical. En el atardecer de tan estimulante jornada, quisiera evocar, no obstante, el himno beethoveniano de la alegría de vivir en una nación en la que el hombre y -por supuesto y peraltadamente- la mujer siguen ritmando y prestando trascendencia a una cuotidianidad flanqueada, como de solito, por toda suerte de contingencias, manquedades y desmañas.