El último, de la prestigiosa orquesta independiente BandArt. Por Alicia Huerta
El concierto del pasado sábado en el Auditorio Nacional protagonizado por la formación
BandArt– orquesta de profunda vocación social liderada por
Gordan Nikolic y habitual en los más prestigiosos festivales y ciclos internacionales – ha sido el más reciente apoyo, y no será el último, que recibe
Ibermúsica para continuar batallando y evitar sucumbir a la crisis financiera que atraviesa. La misma es tan grave que podría terminar con sus 45 años de programaciones ininterrumpidas. Aunque desde que su fundador,
Alfonso Aijón, diera la voz de alarma en enero han sido numerosos los apoyos llegados desde toda Europa a través de importantes e imprescindibles nombres de la música clásica.
A sus 84 años, Aijón podía presumir hasta ahora de no haber solicitado nunca subvenciones públicas – a ningún gobierno fuera del color que fuera -, pero la realidad de unas cuentas que ya no salen ha acabado por imponerse. De modo que para poder seguir ofreciendo a sus abonados el ciclo de conciertos que cada año trae a España músicos de altísimo nivel, se ha lanzado una petición de apoyo al programa Europa Creativa de la UE con llamamientos directos realizados por personalidades como
Daniel Barenboim o Zubin Mehta, habituales durante años de los conciertos de Ibermúsica.
En nuestro país, numerosos artistas de la talla de
Plácido Domingo o Teresa Berganza, además de representantes de las nuevas generaciones musicales del país, como los directores
Pablo Heras-Casado, Juanjo Mena, Jaime Martín o Gustavo Gimeno, así como el pianista
Javier Perianes o la violinista
Leticia Moreno, se han unido para firmar un manifiesto en apoyo al ciclo creado por Aijón cuando en España no existía ninguno. En dicho manifiesto, los firmantes destacan la historia y la labor de promoción que Ibermúsica ha supuesto en las carreras de todos ellos. Aseguran que “Durante décadas, y en tiempos tan poco propicios como los años setenta del siglo pasado, Ibermúsica fue una ventana abierta, un escenario plural que permitió conocer en España a las mejores formaciones sinfónicas y camerísticas del planeta”.
También puede leerse en el citado manifiesto que “La relación de artistas, conjuntos musicales y estrenos presentados en España por el ciclo resulta tan abrumadora como interminable. De alguna manera, los melómanos y profesionales de la música españoles
hemos crecido y ampliado nuestros horizontes artísticos gracias a ese maravilloso escaparate que ha sido y sigue siendo la empresa fundada por Alfonso Aijón”.
Lo cierto es que estos últimos años tampoco han constituido un tiempo propicio para el ciclo. Ni para el arte o la cultura en general. A pesar de ello, Aijón cree que no todo se debe a la crisis económica, sino también a que en la actualidad la oferta musical en Madrid es muy grande. “Y los aficionados, incluso los más fieles al ciclo” – opina el creador de Ibermúsica – “no quieren hipotecarse a meses vista cuando pueden escoger un concierto concreto, un recital de otro ciclo”. Aunque advierte que esta aparente ventaja supone algo así como la “autodestrucción” de los propios aficionados, porque sin abonos los empresarios y los promotores no pueden programar. A su juicio, además, hoy en día la calidad de las formaciones bien dirigidas y gestionadas es otro obstáculo más para su ciclo porque Ibermúsica no puede competir con los precios que se pagan por traer a España a determinadas figuras.
Los amigos de Aijón le dijeron al inicio de la temporada que devolviera el dinero a los abonados y lo dejara. Sin embargo, después de
45 años y 1.000 conciertos en Madrid, con 4.000 personas que le siguen de manera fiel y pagan altos precios, él sintió que no podía abandonar sin más, sin intentar algo. Tampoco podía cancelar los contratos con las orquestas, así que decidió seguir adelante y terminar la temporada. Ahora el reto es que Ibermúsica pueda continuar a partir de la siguiente.