Ha pasado ya la mitad de la campaña y los candidatos han tenido la oportunidad de foguearse en numerosos mítines ante unos ciudadanos cada vez más recelosos de los partidos políticos. En medio de ese distanciamiento entre gobernantes y gobernados, el PP y el PSOE luchan por quedar primeros para celebrar un triunfo simbólico, si no pírrico, ya que ambos pueden perder millones de votos respecto a las anteriores generales (2011) y europeas (2009).
A. Los candidatos:
Tanto Mariano Rajoy como Pedro Sánchez se juegan parte de su futuro–más el primero que el segundo– y para ello han planificado una caravana de actos intensa por toda España para apoyar a los candidatos. Ciudadanos sabe que solamente cuenta con Albert como gran imán electoral, y se está concentrando sobre todo en aquellas comunidades en las que podrían ser decisivos para formar gobierno. Podemos sí que cuentan con más figuras mediáticas para apoyar a los diferentes candidatos, aunque Pablo Iglesias sea la pieza principal alrededor de la geografía española.
Izquierda Unida también tiene apoyo de sus dos grandes dirigentes, Alberto Garzón y Cayo Lara, que son los que andan de viaje, y UPyD se concentra sobre todo en Madrid, y Ramón Marcos está haciendo una gran campaña, mientras que Rosa Díez ahora está más preocupada por ir a los colectivos del resto de España para apoyarles, concentrando el final de campaña en Madrid junto al candidato autonómico y a la alcaldía.
B. La segmentación:
Al igual que sucede en cualquier mercado, los diseñadores de una campaña necesitan entender que un partido y su candidato no pueden satisfacer a todos los electores en su conjunto, Podemos parece que ya se ha dado cuenta de ello. Es preciso segmentar a los electores, de tal forma que se consiga comunicar a cada grupo sobre el tema que más les interesa: el empleo, la educación, el aborto…
De cara a las elecciones del día 24, nos encontramos en primer lugar con una segmentación de tipo ideológico. A la derecha, el PP se enfrenta a una posible erosión de votos por la creación de Ciudadanos, que ha entrado con fuerza en las encuestas.
En el centro hay un verdadero maremagnum. Felipe González aconseja que el PSOE vire al centro, espacio ahora natural de Ciudadanos y UPyD. Podemos controlaba parte de los votantes de esta región, pero parce ser que el crecimiento de los de Albert se está haciendo a partir de votantes situados en el centro y que habrían optado, en anteriores sondeos, por el PSOE y Podemos. UPyD lucha por que no mengue su espacio. En la izquierda nos encontramos con Izquierda Unida, que intenta aguantar el golpe asestado por Podemos, y Podemos, que intenta mantener el voto desencantado.
Otra posible segmentación se corresponde con el voto de la desafección a la política. Siguiendo la clasificación establecida en los años 60 por V. O. Key Jr., los electores se dividen entre los standpatters, que siempre respaldan a un mismo partido o ideología; los switchers, descontentos por naturaleza y que cambian de opinión sistemáticamente en cada elección; y los independientes, que en cada campaña se plantean a quién apoyar según el candidato, los temas o motivos emocionales.
No hay duda de que los standpatters o votantes duros eran, en las anteriores elecciones, mayoría (50-70% del total), pero las encuestas parecen indicar que los dos grandes partidos han decrecido gran parte de su votante fiel. Y los dos nuevos partidos no cuentan aún con la suficiente longevidad para poder hablar de votantes fieles.
La segmentación también puede producirse por motivos geográficos (unidad territorial ‘vs.’ soberanismo catalán), de sexo o de edad. Un reciente análisis del sociólogo Jaime Miquel, apunta a que las diferentes generaciones de votantes (él apunta a 4 concretamente: La generación del franquismo, los nacidos durante la última etapa del franquismo, los nacidos en democracia y los más jóvenes) juegan un papel importante en estas elecciones, y que son los jóvenes y los nacidos en democracia los que optan por votar en mayor medida a los nuevos partidos.
C. Los escenarios:
Teniendo en cuenta estas variables, podemos anticipar distintos resultados más o menos probables. Pero el sentido común y los sondeos de las últimas semanas nos llevan a pensar, sobre todo, en dos posibles escenarios de salida:
– El bipartidismo se desploma. Hasta hace bien poco estábamos acostumbrados a que el PP y el PSOE siempre aglutinaran entre el 80% y el 85% de los votos. Así venía ocurriendo en todas las elecciones generales o europeas desde 2004, hasta que en 2011 los socialistas se hundieron y, como consecuencia, el bipartidismo tuvo que conformarse con el 73% de las papeletas. Ahora todo parece indicar que el bipartidismo no se llevará más del 50% de los votos, lo que significaría un nuevo sistema de partidos.
– Debido al fin del bipartidismo, sobre todo en las grandes plazas, el sistema de pactos será el imperante tras el 24M, por lo que hará falta crear una cultura de pactos estable para evitar gobiernos débiles y poco eficaces.
Veamos de momento qué ocurre en las urnas el domingo que viene, y después ya habrá tiempo para analizar las siguientes elecciones.