Opinión

Mochicas en Barcelona

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Miércoles 20 de mayo de 2015

Llegan noticias de Ultramar acerca de las investigaciones en las culturas prehispánicas e incluso de las culturas pre-incaicas. Los arqueólogos cada vez están más cerca de descifrar supuestos “enigmas” que contienen algunas pinturas raras y esculturas mochicas en Perú. Si uno visita Barcelona, podrá ver la exposición El arte mochica del antiguo Perú. Oro, mitos y rituales (CaixaForum, Barcelona). El pueblo mochica o yunga es considerado uno de los más “desarrollados" pueblos antes de la dominación inca. Es sabido que los incas conquistaron otros pueblos de la región andina y de lo que hoy conocemos por el Perú, los sojuzgaron e impusieron tanto su régimen político de carácter tiránico como su cultura. Gómez Suárez de Figueroa, o el Inca Garcilaso, desde su casa en Montilla (Córdoba) creó una visión nostálgica de los incas (Incario), que fue continuada a través de los siglos con escritos de la época virreinal e independiente. Durante la época de la independencia del Perú, empieza a brotar un interés por los incas como precursores del Estado del Perú. Se afianza el mito y vemos a los incas como una cultura hegemónica de la región.

No obstante, no ha sido así. Igual que en México los aztecas, los incas del Perú por ser las culturas más expandidas han ocupado el puesto de unas culturas hegemónicas y ahora están consideradas como las únicas precursoras de los países independientes. Falso. Ya a principios del siglo XX, los arqueólogos peruanos, verbi gratia, Julio César Tello, empezaron a descubrir que Perú nunca había sido homogéneo ni antes ni después de la invasión de los incas. Lo que ha sido es un conjunto muy rico en su diversidad de los pueblos primitivos con lenguas pictóricas y algunas técnicas agrícolas y ritos religiosos. Hoy día Perú representa una tierra fabulosa para las excavaciones, no hace falta cavar mucho, porque a cada paso en cada pueblecito se encuentra un monumento prehispánico y pre-inca. ¿Cómo puede ocurrir esto después de los siglos de “dominación” y supuesta “destrucción” llevada a cabo por los españoles? Sencillamente, porque los españoles conservaban todo lo que podían. Fue una seña de identidad de la aculturación hispánica que coadyuvaba al mestizaje.

Eso que hoy nos puede parecer un descubrimiento deslumbrante, no lo es en realidad. Si nos asomamos un poco en la historia de la época virreinal, es decir, la del Imperio español, podemos apreciar que son numerosas las crónicas y otros escritos que nos narran varias visiones del Incario: para unos fue un estado “sin mal”, para otros los incas fueron crueles usurpadores del poder. Los religiosos siempre atentos a los pueblos indígenas andaban por los montes y valles a la búsqueda de los pueblos para evangelizar. Dado que el bautizo a la fuerza fue prohibido en los primeros años de la conquista de Hernán Cortés, los frailes y sacerdotes fueron obligados a buscar vías para introducir el cristianismo partiendo de las creencias indígenas. Por esto ahora a los religiosos los consideramos los primeros etnólogos y antropólogos. A ellos debemos numerosos vocabularios y gramáticas, entre cuales encontramos la lengua mochica o yunga.

La lengua yunga fue una lengua de menor extensión que el quechua y el aimara, pero ya en 1644 obtuvo su Arte, o sea la gramática, redactada por el sacerdote Fernando de la Carrera Daza. Mucho antes, en 1607, salió el Rituale seu Manuale Peruanum donde aparece una traducción a esta lengua de los textos clave para la administración de los sacramentos. Un criollo de la orden agustina, Alonso Ramos Gavilán, que hablaba quechua, aimara y muy probablemente yunga interrogó a los indígenas sobre sus tradiciones a base de ello escribió su Historia del célebre santuario de Nuestra Señora de Copacabana y sus milagros e invención de la cruz de Carabuco. El siglo XVIII nos brinda una especie del diccionario o una lista de palabras mochicas o yungas elaborada por el obispo Baltazar Martínez Compañón. Por desgracia, a principios del siglo XX la lengua ha sido declarada muerta y ahora se están realizando esfuerzos para recuperarla del olvido.

En fin, más allá de las investigaciones arqueológicas para estudiar ciertas culturas, por ejemplo, la mochica, estas no llegarán a buen puerto sin tener en cuenta los relatos de los primeros cronistas españoles en las Indias occidentales, o sea la América española.