Lazos de sangre es un remake de otra película francesa mucho más modesta y relativamente reciente: Liens de sang, de Jacques Maillot (2008), en la que el propio Canet protagonizó uno de los dos papeles principales. Ahora el cineasta revisita la historia y la convierte en una de sus películas más ambiciosas, la primera en la que se acerca de forma evidente a Hollywood y para la que escoge un reparto internacional de altura. Sin embargo, si en No se lo digas a nadie y Pequeñas mentiras sin importancia Canet se desenvolvió con mano firme, Lazos de sangre deja la sensación de una dirección mucho más dubitativa, empequeñecida quizás por la más que probable admiración del cineasta hacia el proyecto. Además, Canet se alía en el guión con James Gray, una baza positiva pero que hace inevitable la comparación de Lazos de sangre con la obra del ahora coguionista La noche es nuestra. Y las comparaciones son odiosas.
Lazos de sangre es, a la postre, un drama familiar con tintes de thriller setentero. En él, dos hermanos de una familia desestructurada, se reencuentran tras casi una década sin verse. Uno de ellos es policía; el otro, acaba de salir de su último ingreso en prisión. A través de su historia y la de quienes los rodean, Canet habla del perdón, de la redención, del sentimiento de culpa, de lo inexplicable del sentimiento humano y la conexión entre las personas. Aunque en apariencia la cinta se relacione con el ‘noir’ americano y el género policíaco, al cineasta le interesa por encima de todo el arco de los personajes y la relación entre ellos. Y en este sentido, Lazos de sangre tiene una debilidad y una fortaleza. Por un lado, Canet ha querido contar tanto que hay algunas tramas y personajes que se rematan a matacaballo, a pesar incluso de un metraje de más de 140 minutos que inevitablemente pesa hacia el final. Sin embargo, y a pesar de que ciertas partes del guión suscitan dudas, el espectacular reparto da un empujón al conjunto.
Clive Owen, el hermano ex convicto, se come la cámara con esa presencia violenta pero atormentada que le viene como anillo al dedo. Su hermano en la ficción es Billy Crudup, en uno de los papeles que mejor le han permitido lucir su enorme capacidad dramática. El elenco femenino no se queda atrás. Sobra decir que Marion Cotillard está perfecta en lo que haga, en este caso, en el papel de prostituta y cocainómana pero madre de familia, ex pareja del hermano recién puesto en libertad. La francesa consigue dibujar la fragilidad, la culpa y la fatalidad que se desbordan en el personaje. Mila Kunis pone cordura al inframundo en el que se mueven el resto de personajes y sigue perfilándose como una de las actrices que más darán que hablar en los próximos años, mientras que Zoe Saldana se atreve con un papel mucho más trágico que a los que nos tiene acostumbrados y gana la apuesta.