"Se nos ha ido uno de los grandes. Nunca perdió el hábito de hacer cine".
El realizador
Vicente Aranda (Barcelona, 1926) ha fallecido a los 88 años en su casa de Madrid tras una carrera en la que, según han señalado sus colegas de profesión, "subió el nivel del cine español" con títulos míticos en los últimos 40 años como
Amantes (1991), su gran filme.
Además de esa obra galardonada con los
Premios Goya a mejor dirección y mejor película, en su producción destacan títulos como
Fata Morgana (1966),
Clara es el precio (1974),
La muchacha de las bragas de oro" (1979),
El Lute, camina o revienta (1987),
Celos (1991) o
Juana la Loca (2001), su último gran éxito.
De él ha dicho
Imanol Arias, protagonista de cinco de sus películas, que fue "como un padre" y "un gran maestro" con el que en los últimos tiempos, ha revelado el actor a Efe, tenía "muchas broncas" porque quería hacer en televisión una serie sobre Lope de Vega y quería que le ayudara. "Era un maestro muy grande, con mucho carácter, que te llevaba al límite en el trabajo y en la vida, con una mirada artística que uno recuerda siempre con mucho afecto y cariño", ha explicado.
A través de una nota de prensa, también el ministro de Educación Cultura y Deporte,
José Ignacio Wert, ha tenido palabras para ensalzar a "una de las figuras más significadas de la renovación del cine español, sobre todo a partir de la desaparición de la censura de las primeras etapas de la democracia y también en los años posteriores".
Por la capilla ardiente, instalada en el tanatorio madrileño de la M-30 desde mediodía, han comenzado a pasar rostros conocidos que han querido transmitir el pésame a su familia y glosar los logros de la carrera de este "agitador cultural, un poco cascarrabias", como lo ha definido su colega Imanol Uribe.
El actor
Antonio Resines, actual presidente de la Academia de Cine, también ha pasado por allí, aunque sus declaraciones se han limitado a un mensaje previo vía Internet: "Se nos ha ido uno de los grandes. Nunca perdió el hábito de hacer cine". "Vicente decía que 'todo pasa delante de la gente hasta que entra dentro de la alcoba y la puerta se cierra'" ha recordado el presentador, actor y músico José Miguel Monzón, El Gran Wyoming, quien fuera uno de sus más famosos vecinos y uno de los primeros en visitar la capilla ardiente.
Esa frase resume algunos de los grandes elementos temáticos de su producción, el erotismo y la pasión, sobre la que el propio Aranda dijo que "te puede destruir, pero te consideras más sabio, más hecho y más formado que el que no la ha sentido. La pasión es algo que no eliges, te elige, es como los sentimientos".
Su gran capacidad como "narrador y director de actores" es, de hecho, otro de los rasgos más destacados hoy por sus compañeros de profesión, entre ellos el realizador madrileño
Gerardo Herrero, que ha recordado a Efe cómo Aranda insistía en que "la cámara tenía que estar a la altura de los ojos y ser invisible y que la potencia de los intérpretes es lo que debía estar por encima de todo".
"Qué bien rodaba. Técnico asombroso. Movía la cámara con precisión. El encuadre siempre era único", ha escrito en su cuenta de Twitter otro de sus colegas, Álex de la Iglesia, en uno de los muchos mensajes de condolencia escritos en esta red social por gente como los actores Juan Diego Botto, Eduardo Noriega y Rossy de Palma y el director Montxo Armendáriz.
Premio Nacional de Cinematografía en 1988, trabajó durante 40 años, y eso que él hubiese querido ser escritor, no director, algo que quedó patente en las múltiples adaptaciones que realizó de obras literarias.