Comunicación

Muere José Miguel Santiago Castelo, un histórico de ABC

A LOS 66 AÑOS

EL IMPARCIAL/Efe | Viernes 29 de mayo de 2015
Reproducimos dos artículos que le dedicó Luis María Anson.

José Miguel Santiago Castelo ha fallecido este viernes en Madrid a los 66 años, según ha informado el diario ABC, periódico al que estuvo ligado desde el año 1970.

El cadáver de Santiago será velado en el tanatorio de San Isidro antes de ser trasladado a Trujillo (Extremadura), donde se le rezará un responso en la Academia Extremeña de la Lengua, institución que presidía. El entierro tendrá lugar en su localidad natal, Granja de Torrehermosa (Badajoz).

Feliciano Correa, presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales de Extremadura y amigo personal del poeta y periodista, ha asegurado a Efe que "no solo era un enamorado de Extremadura, sino de los extremeños y sus pueblos".

Su pérdida, como ha informado Correa, era esperada "desde hace tiempo", ya que el escritor y director de la Real Academia de Extremadura de las Letras y Las Artes "ha luchado entre la vida y la muerte" durante un largo tiempo.

Pese a que llevaba desde 1970 escribiendo en la redacción del diario ABC, Santiago Castelo siempre defendió su faceta de poeta. En este sentido, su amigo ha asegurado que "no ha sido solo uno de los principales de la poesía en Extremadura, sino en España, con una obra muy pegada al suelo".

Por su parte, Jose Antonio Vera, presidente de la Agencia EFE y compañero de Santiago Castelo durante su etapa en ABC, ha calificado al extremeño de "periodista honorable, conocedor como nadie del ABC de toda la vida".

Además, Vera ha expresado que se trataba de una "pieza clave del diario en sus diferentes etapas", así como una "persona culta y muy respetada en los ambientes periodísticos y literarios, tanto de Madrid como de su querida Extremadura".

"Es una pérdida que todos los que trabajamos con él en ABC sentimos de una manera dolorosa y profunda. Igual que el resto de la profesión", ha añadido el presiente de la Agencia EFE.

Subdirector del diario ABC, poeta y periodista, nació en Granja de Torrehermosa, Badajoz, España, el 11 de septiembre de 1948. Cursó el Bachillerato en Córdoba y en Madrid, ciudad a la que llegó en 1964 y donde compaginó los estudios con el trabajo en unos laboratorios. Más tarde, en 1968, inició los estudios de Periodismo en los que era titulado.

Un año después, con 21 años, ingresó en la redacción del diario ABC, publicación en la que trabajaba desde entonces. En 1972 obtuvo el premio Nicolás González Ruiz, otorgado al mejor expediente académico de las Escuelas de Periodismo de España. Posteriormente, en 1984, recibió el premio nacional de Periodismo Es Fogueró, concedido por sus crónicas estivales sobre Mallorca, publicadas en ABC.

Pese a su renombre como periodista, Santiago Castelo es más conocido por su poesía, actividad en la que ha sido reconocido por diversos premios. Desde que a los 19 años publicó su primer cuento en Hoy, de Badajoz, sus versos han ido apareciendo en varias revistas literarias, como Poesía Hispánica, Batarro, Artesa, Bahía, La Estafeta Literaria y Cuadernos Americanos, de México.

En 1973 obtuvo el premio de poesía Hispanidad por su Meditación de Guadalupe. Le siguieron el premio nacional Gredos de poesía por La sierra desvelada, en 1980, y el premio Fastenrath de la Real Academia Española, en 1982, por Memorial de Ausencias, publicado en 1979.

Aparte de las obras citadas, ha publicado otros libros: un ensayo biográfico sobre Pedro de Lorenzo, en 1973; España: su inmediato futuro político, en 1975; Tierra en la carne", poemas, 1976; "Antología poética", 1979; y "Monólogo de Lisboa", en 1980.

En 1987 pronunció el pregón del Calvario de la Semana Santa de Huelva. El 11 de junio de 1989 tomó posesión de su plaza de académico de número de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes.

Vocal del Club Internacional de Prensa, desde 1991, recibió ese año el título de Duodécimo juglar en el transcurso de la clausura del IV centenario de la muerte de San Juan de la Cruz, celebrado en Fontiveros (Avila), pueblo del que fue nombrado hijo adoptivo.

El 12 de enero de 1993 fue galardonado con el Premio Nacional Julio Camba de Periodismo por el artículo Eran las once y media, hora habanera, publicado en el diario ABC, el 7 de noviembre de 1992.

En abril de 1993 participó en el homenaje realizado al poeta cubano, Gastón Baquero, celebrado en Salamanca, con la ponencia Gastón Baquero, un cubano universal. Un día más tarde participó en la Casa de América de Madrid, en un encuentro dedicado a explicar la vida y obra de la escritora cubana Dulce María Loynaz.

En junio de 1994, la Universidad Pontificia de Salamanca publicó el libro Celebración de la Existencia, un texto recopilatorio del homenaje que se había celebrado al poeta cubano Gastón Baquero, en la cátedra de poética "Fray Luís de León", y en el que aparecían textos de Santiago Castelo, entre otros autores.

En julio de 1995, José Miguel Santiago Castelo participó en los Segundos Encuentros con la Poesía, celebrados en El Puerto de Santa María (Cádiz) y organizados por la Fundación Rafael Alberti.

En septiembre de 1996, Santiago Castelo fue elegido director de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. En diciembre de 2000, Santiago Castelo recibió el Premio Martín Descalzo de Periodismo por su artículo El Papa bueno.

José Miguel Santiago Castelo ha formado parte de numerosos jurados literarios: Premio de Novela Corta Juan Pablo Forner, Premio Castilla y León de las Letras, Premio Ciudad de Mérida, Premio Nacional de Poesía Rafael Alberti, Premio Jacinto Guerrero de Periodismo, Premio Mariano de Cavia, Premio Luca de Tena y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, entre otros.

José Miguel Santiago Castelo era hasta la actualidad subdirector del diario ABC. Además era miembro de la Academia Cubana de la Lengua.

Amistad de Castelo con Anson
El pasado 22 de mayo, Luis María Anson visitó en la Clínica de la Concepción a José Miguel Santiago Castelo, que trabajó durante largos años al lado del presidente de El Imparcial, que en aquella época era director de ABC. Durante un par de horas, Anson mantuvo con Santiago Castelo una larga conversación en la que hablaron de periodismo y literatura. El gran escritor y académico extremeño estaba completamente lúcido, aquejado por una cruel enfermedad. Reproducimos a continuación un artículo que Anson publicó en El Mundo en 2013:

SANTIAGO CASTELO: ESTA LUZ SIN CONTORNO

Querido José Miguel…

Ahora que empiezas a ser solo memoria, hay en tus versos un permanente regreso a la adolescencia primera. A la adolescencia turbia de los pobres poemas cojos. Es la llamada liminar del tiempo perdido, el anhelo de permanencia cuando el río se va lentamente al mar. Te invade ya el silencio en el juego atroz de la edad tardía. Reverdece entre tus dedos el verso clásico: “Mañanitas floridas del frío invierno, recordad a mi niño que duerme al hielo”.

Acurrucado en la desmemoria, al otro lado del océano de los años, sangran tus poemas de Esta luz sin contorno. Tienes todavía sed de la palabra viva. Acaricias aún las rosas del amor desmayadas. Mantienes la esperanza húmeda de las lágrimas vivas. Lástima que no hayas aprendido ni siquiera a gemir cuando te llora el alma. Sabes que las muertes del silencio solo las mitiga el reguero de los dioses marchitos, allí donde el dolor se quema y no sueña la herida. Como nuestro amigo Manuel Halcón, cuando reflexionaba sobre Ingmar Bergman, quizá te hayas preguntado: “¿No será la muerte el silencio de Dios?”

Cargan sobre tu alma las soledades hondas. Cuentas las estrellas que pesan sobre tus hombros. Suplicas a las jacarandas que te presten su azul. Te estremeces ante las lágrimas furtivas y reclamas el dolor de la cal y las estrellas, mientras la cuchilla afilada corta la luz del grito. Tus torres guarnecidas se te vienen abajo, derrumbadas al suelo, al olor de la música. Se abren los prodigios de todo lo increíble igual que una granada. Borracho de nieve y sol, el limón siempre en el árbol, has perdido los últimos rayos que desgrana el astro de la tristeza infinita y por eso escribes estos versos sueltos para que te salven la vida.

Parece difícil que, independiente de los circuitos literarios, se reconozca, querido José Miguel, el aliento lírico de tu voz. Pero eres uno de los poetas españoles con más larga y sostenida capacidad creadora, con más alta calidad expresiva, con mayor sensibilidad para escuchar las llamadas del tiempo que vivimos. Has recogido en este libro tus versos dispersos. Los escribes desde ciudades y países distintos como frutos de la inspiración del momento. En ellos queda la huella fugitiva de tu entendimiento de la vida cuando contemplas ya el mundo, por encima del bien y del mal, desde las cumbres de la edad y del tiempo perdido y recobrado, que despeina las aguas del lago y deja arrugas en el paisaje, a la luz del alma. Como en los poemas de la consumación de Aleixandre te encierras en la perplejidad de tu memorial de ausencias. Y tal vez, no estoy seguro, podrías suscribir los versos últimos de nuestro amigo inolvidado, José Hierro: “Qué más da que la nada fuera nada si más nada será después de todo, después de tanto todo para nada”.

Luis María ANSON,
de la Real Academia Española


Igualmente, unos años antes Luis María Anson dedicó también un artículo a uno de los mejores libros de Santiago Castelo. El artículo se publicó en el diario La Razón y Santiago Castelo dirigió a Luis María Anson una larga y emocionada carta de agradecimiento.

EL ÚLTIMO LIBRO DE SANTIAGO CASTELO

Si pudiera, el poeta besaría el misterio de todas las cinturas. Desde el cristal insomne de su ventana, contempla las espadas como labios, los labios como lanzas, la primavera lejana, esa adolescente virgen reposando sobre las espaldas del tiempo.

La soledad le crece al poeta con sed de enredadera. Bajarán de nuevo las palomas. Entre el vendaval de pájaros nacientes, el claroscuro de la carne atardecida del verano. Es el beso que hiela y el látigo de fuego. En la noche de la muerte enamorada, derramará su sangre el escritor junto a la sangre del amor, desnudo por su labio. Busca su nombre entonces en el hueco que le deja la mañana entre las manos y sólo encuentra la luz herida del tiempo, el misterio de los ocasos desprendidos. En el espacio de Juan Ramón, cabe los jardines dolientes y la plata melancólica, junto a la tristeza de Machado, muy cerca de Cernuda, también en soledad de amor herido, Santiago Castelo quiebra el cuerpo cierto que da título a su nuevo libro de poemas para recrearse en la azul melancolía, en la loca locura que le azota. Habla entonces de las manos de la amada, las manos de limón y de aguacero, manos de árboles perseguidos. Ella se hace luz para cegar sus ojos, para acostumbrar al poeta a la partida final que es la muerte, de labio en flor la herida.

Desnuda ya la boca por el temblor de la tierra, cuando sólo le queda el dolor y el silencio, el silencio de Dios, el poeta enarbola sus trigales y sus lágrimas y arrodilla sus versos ante las flores del bien, ante las flores del mal, ante la simiente de los surcos antaño perdidos, ahora recobrados.

Luis María ANSON,
de la Real Academia Española