Opinión

Crueldad azteca

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 30 de mayo de 2015
Varias obras del siglo XVII y XVIII redactadas en la Nueva España, México actual, describían su territorio como un Edén, un paraíso, lleno de frutas, flores y árboles siempre verdes. El criollo Carlos Sigüenza y Góngora, en El Paraíso occidental, y el peninsular fray Agustín de la Madre de Dios, que simpatizaba profundamente con los criollos, en sus crónicas, mantenían que Nueva España fue el lugar elegido por Dios. Las apariciones de los santos eran numerosas, acaso por eso era normal comparar la capital con la ciudad santa, Jerusalén. México-Tenochtitlán, “la emperatriz de todas las ciudades de América”, la ciudad elegida por la Virgen para manifestarse fue con frecuencia referida como una segunda Jerusalén, que poseía el templo de Salomón o el santuario guadalupano. Estas obras no fueron un mero ejercicio de elocuencia y retórica, su propósito consistía en demostrar el triunfo de la fe sobre la idolatría que proliferaba poco antes de un siglo entre la población. Si antes México y Nueva España fueron poseídas por el Demonio, ahora se parecían al paraíso terrenal, a la Jerusalén celeste, protegida por la Virgen de Guadalupe y los santos.
Como suele pasar, la imagen de la ciudad santa fue acompañada por otra - la ciudad corruptora -, hija de Caín, que contenía muerte, dolor y maldiciones. Si en el siglo XVII los ejemplos terrenales de estas ciudades fueron Roma y Babilonia, hoy día es México DF y, todo el país en general, parecen convertirse en un lugar poseído por Satanás. La imagen de México hoy, en el siglo XXI, no puede ser más infernal. Hace un par de días, un convoy de fuerzas militares y policías fue atacado por los narcos en Tanhuato, Michoacán, dejando por lo menos una cuarentena de muertos. Uno de ellos fue un policía que rescataba a su compañero herido. Los criminales fueron reconocidos como integrantes del Cartel de Jalisco Nueva Generación, grupo criminal que parece sustituir a otros grupos temerarios como son los Z o los Caballeros Templarios. Este enfrentamiento es uno de los muchos que ocurrieron durante las últimas semanas en Jalisco y Michoacán, pero el Cártel Jalisco. Nueva Generación opera en nueve estados, incluido México Distrito Federal. Algunas voces en los periódicos de México señalan la descomposición del Estado de derecho. La ingobernabilidad domina todo. La indignación crece frente a los políticos que, como el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, tratan de asociar los hechos criminales con los actos vandálicos.
Otro tipo de violencia, pero también procedente de los narcos, es investigado en el libro de Elena Ortega titulado De regreso a casa. La periodista madrileña ofrece una visión de conjunto a través del análisis de casos particulares, por ejemplo, cómo en la Ciudad de Juárez desde los años 90 no dejan de desaparecer mujeres. Esta Ciudad fronteriza con los EEUU se ha convertido en un cementerio de miles de jóvenes, víctimas de violaciones y torturas. La vida en general “no cuesta nada”, como rezan los carteles durante la famosa celebración del día de los muertos, y aún menos vale la vida de una mujer que en busca de trabajo “deja su hogar” y no tiene nadie que la protege.
Hasta qué punto la violencia se ha apoderado de la población nos muestra un caso escalofriante del asesinato ocurrido el pasado fin de semana. Los adolescentes de 11 a 15 años asfixiaron y desangraron a Christopher, niño de seis años. Lo enterraron con un perro muerto para despistar. Según la Fiscalía, esta muerte fue la consecuencia del juego en los secuestros. Por cierto, “un juego” poco imaginativo si tomamos en cuenta que en 2012 secuestraron más de cien mil personas, de los cuales fueron denunciados únicamente algo más del 1%. ¡Terrible! Pareciera que ha regresado la crueldad azteca. La civilización pareciera que no hubiera pasado por allí.