Opinión

La ofensiva contra el Mundial de Rusia 2018

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 31 de mayo de 2015
La ofensiva del Departamento de Justicia, las autoridades tributarias y el FBI contra altos cargos de la FIFA por fraude, asociación delictiva y blanqueo de capitales no es solo jurídica sino que tiene una faceta política.

El mismo día en que se practicaban las detenciones en Suiza, los senadores Bob Menéndez (demócrata) y John McCain (republicano) dirigían una carta al Congreso de la FIFA para que reconsiderase la decisión de celebrar el mundial de fútbol de 2018 en Rusia. La misiva acusa a Blatter de apoyar la candidatura de Rusia a pesar de “las violaciones por parte de Rusia de la integridad territorial de Ucrania y otros desafíos a la arquitectura de seguridad posterior a la II Guerra Mundial”. Los senadores acusan a “tropas rusas y a separatistas apoyados por Rusia de haber empezado el desmembramiento de Ucrania, que continúa hasta hoy con la violación de los acuerdos de alto el fuego Minsk I y Minsk II”. Por otra parte, los senadores acogen las denuncias de la OTAN de actividad aérea rusa fuera de sus fronteras, y señalan que “la OTAN ha interceptado más de cien aeronaves rusas en territorio de la OTAN desde el comienzo de 2014”. Por fin, los políticos estadounidenses acusan a Rusia de haberse retirado del Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa.

A la vista de estas circunstancias, continúan los senadores, la celebración del Mundial de 2018 en Rusia proyectaría al “régimen de Putin” en lugar de “condenarlo”. El demócrata y el republicano advierten de la imposición de sanciones por parte de más de 40 países miembros de la FIFA en un esfuerzo para influir sobre los acontecimientos en Ucrania. Si la FIFA permite a Rusia acoger el torneo, ofrecerá al “régimen de Putin” un salvavidas económico en contradicción con las sanciones multilaterales que ha impuesto la comunidad internacional.

Por fin, Menéndez y McCain hacen votos en pro de la promoción del fútbol “a la luz de sus valores educativos, culturales y humanitarios” y piden al Congreso de la FIFA que elija a un presidente que respalde estos valores y niegue al “régimen de Putin el privilegio de acoger el mundial de 2018”.

Es difícil cometer más errores políticos en un texto tan breve.

Uno podría poner algunos reparos históricos –de historia contemporánea y de acontecimientos recientes- si preguntase, por ejemplo, quién inició el proceso subversivo de Maidan, quién lo respaldó, quién lo financió y quién dio armas a los manifestantes. Incluso cabría preguntarse de quién partieron ideas como el Partenariado Oriental que, en lugar de buscar una cooperación con Rusia y sus países fronterizos, optaron por las amenazas de aislamiento económico y político atrayendo a los vecinos a la órbita de la Unión. Sin duda, el proyecto de libertad, dignidad, democracia y derechos humanos que la Unión Europea representa está llamado a extenderse. Ahora bien, lo de Maidan se pareció bastante más a una operación contra un aliado de Rusia que a una revolución democrática de quienes aspiraban a entrar en la Unión y eran reprimidos por una tiranía. Los demócratas europeístas fueron desapareciendo a medida que el Sector de Derecha y Svovoda secuestraban el movimiento. En lugar de la persuasión, Bruselas y Washington optaron por apoyar el derrocamiento de Yanukovich. A nadie le asustó que sacasen a pasear los retratos de los colaboracionistas que combatieron junto al Reich ni las manifestaciones antisemitas ni las medidas antirrusas que excluían a los ucranianos orientales. Quizás una carta de los senadores Menéndez y McCain pidiendo contención y respeto a las instituciones ucranianas como presupuesto para las reformas –cuya necesidad no se discutía- hubiese ayudado a evitar el conflicto que ahora desangra al país. Por desgracia, esa carta no llegó.

Para comprender los acontecimientos de Ucrania desde noviembre de 2013 hay que volver al inicio del Euromaidan –esos primeros días, la aparición de la acampada, las conversaciones cruzadas entre las embajadas, los famosos que iban a brindar su apoyo a una parte de Ucrania frente a la otra- y contestar a tantas preguntas que siguen sin respuesta.

La historia de Rusia es el relato de las invasiones que llegaron desde el Lejano Oriente –la Horda de Oro- o desde las fronteras occidentales –los polacos, los teutónicos, los suecos, la “Grande Armée”, la Operación Barbarroja- y sería un error obviar la importancia que la seguridad de las fronteras tiene para Rusia. Aún viven combatientes que lucharon contra los nazis y sus aliados, esos mismos cuya memoria reivindicaban los radicales de Maidan. Cuando más se acose a la Federación de Rusia en sus fronteras o en los foros internacionales, más difícil se hará resolver el conflicto. La guerra económica desatada contra Moscú solo ha endurecido y reforzado al gobierno de Putin. Si esta carta quería ayudar, debería haber ido dirigida a Kiev y no a Zúrich.

Por lo pronto, la reelección de Blatter al frente de la FIFA ha supuesto un respaldo a la candidatura de Rusia. Putin ha apoyado al presidente reelegido. Ahora, la operación contra los directivos de la FIFA acusados de fraude, asociación delictiva y blanqueo de capitales tendrá sobre sí la sospecha de haber sido, en realidad, una maniobra para impedir la celebración del Mundial 2018 en Rusia.

En Ucrania hay una guerra civil desastrosa pero la forma de resolverla no es esta. Quizás los senadores Menéndez y McCain sigan atacando a Putin pero será Rusia la que se defienda.