Lunes 01 de junio de 2015
Este pasado fin de semana Pedro Sánchez anunciaba su intención de presentarse a las primarias para ser candidato a la Moncloa. Lo hacía, de manera triunfalista, ante el Comité Federal de su partido, donde no parecen tener muy claro qué ha pasado en las últimas elecciones. Hay una cierta sensación –o, al menos, una pose- de optimismo: sí, se han perdido votos, pero menos que el PP. Además, gracias a los pactos post electorales -fundamentalmente con Podemos- los socialistas podrán arrebatarle a los populares varios gobiernos locales y autonómicos, aspecto éste indudablemente positivo para sus intereses.
Sin embargo, Pedro Sánchez tiene ante sí una difícil tarea. Por un lado, quitar poder al PP le sitúa más y mejor en el mapa. Por otro, el precio que ha de pagar es tan elevado como incierto cara al futuro: pactar con el partido que ya ha fagocitado a Izquierda Unida y que les ha arrebatado un buen puñado de votos que en condiciones normales serían del PSOE.
Izquierda Unida no ha sido más que el aperitivo de Podemos; el plato principal es el PSOE. Es evidente que la formación de Pablo Iglesias ambiciona convertirse en el referente de la izquierda española. Todo lo que implique crecimiento de Podemos va en detrimento de los socialistas, donde un nutrido sector recela de poner alfombra roja a la formación de Pablo Iglesias sólo para quitar al PP. Además, Pedro Sánchez debe fortalecer un liderazgo aún con pies de barro, y con Susana Sánchez a la expectativa. Haría bien, pues, en atender a lo que tiene en casa en vez de focalizar todo su discurso en lo que pasa en la del PP.
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