Pedro Sánchez tiene sumo interés en que el PP pierda la mayor porción de poder posible en la inminente constitución de parlamentos autonómicos y ayuntamientos, pero no es posible de otra forma que mediante alianzas. El secretario general anticipó ya antes de la campaña que solamente no había opciones de acuerdo con los ‘populares’ y con Bildu.
Meses antes aseguró que jamás pactaría con los “populistas”, refiriéndose a Pablo Iglesias, pero su opinión, al parecer, ha cambiado radicalmente en pro de un fin más sustancioso, entiende, que es teñir el mapa de rojo. Sin embargo, dentro de sus filas hay un escollo y no menor. Susana Díaz se opone a estrechar la mano de Podemos y las coaliciones que apoya.
De hecho, la presidenta electa de la Junta, que estuvo cerca de echarse en brazos de Teresa Rodríguez y de Juan Marín para ser investida, apuesta ahora por gobernar gracias al PP. A cambio, el PSOE daría a su socio el Consistorio de Cádiz, al que aspira José María González ‘Kichi’, afín a Podemos.
Los socialistas temen por igual a González que a Teófila Martínez, pero el PP estaría dispuesto a ofrecer otro nombre para la Alcaldía a cambio del respaldo, lo que aliviaría las diferencias. Juan Manuel Moreno, líder ‘popular’ andaluz, anima a Díaz a aprovechar una “oportunidad única” para romper la “estrategia” de Sánchez y quedar como “una señora de Estado”.
Sánchez no está dispuesto a ceder porque considera que el sacrificio de no pactar con Podemos es consentir el predominio del PP, sin evaluar los daños que esto puede provocar en sus planes hacia La Moncloa. Díaz mantiene el pulso y si lo lleva hasta sus máximas consecuencias desautorizaría a Ferraz, algo en absoluto descartable dada la tensión que mantienen y que ya apenas consiguen disimular.