Mariano Rajoy invitó a comer este miércoles a Pedro Sánchez en La Moncloa para destensar la relación entre Gobierno y oposición y ante la necesidad del presidente de que el resto de fuerzas no se alíen para aislar al PP, como pretende el secretario general del PSOE.
El encuentro, sin embargo, no fue constructivo, ni siquiera amable. José Luis Ayllón, enlace entre Moncloa y la prensa, ha declarado al diario ‘La Razón’ que la actitud de Sánchez fue de “sinvergonzonería política de alto nivel”, que trató de “dar lecciones” cuando va, según el lugar, “regalando” o “mendigando” apoyo a Podemos.
Rajoy da por hecho que su invitado se aliará con quien haga falta para apartar a sus presidentes y alcaldes, pese a haberle advertido del peligro que eso conlleva no sólo para esos territorios sino también para las aspiraciones electorales de los socialistas. El jefe del Ejecutivo acabó irritado y decepcionado. No es ningún secreto que prefería el sentido de Estado de Alfredo Pérez Rubalcaba.
Sintonía con Pablo Iglesias
Sánchez mantuvo también este miércoles un encuentro “informal”, “privado” y “en lugar neutral” con Pablo Iglesias, hecho que dista de la luz y taquígrafos que el segundo aseguró que iban a imponer los emergentes. En este caso sí hubo sintonía, admitida por las dos partes, e intercambio de halagos. “Es un tipo majo y formal”, ha dicho este jueves Iglesias de Sánchez.
Y ha afirmado algo más, muy relevante: “El PSOE ha cambiado en los últimos tiempos”. El ‘número 1’ de Podemos siempre ha pedido a los socialistas “un giro de 180 grados” como condición para acercar posturas y negociar. A tenor de sus palabras, ese giro, para asombro de Rajoy y de algún que otro compañero de Sánchez, como Susana Díaz, ha comenzado.