Opinión

Por debajo de la espuma del espectáculo

Juan José Laborda | Viernes 05 de junio de 2015

Según se acercan las fechas de la constitución de los ayuntamientos y de los parlamentos y gobiernos regionales, se intensifican las declaraciones y las posturas de los llamados a decidir sobre esas instituciones recién elegidas por los ciudadanos. Me resulta divertido escuchar y contemplar las reacciones políticas e informativas que se están produciendo al comprobar que el “adanismo” que se anunciaba para estas elecciones, el mito del regreso a una democracia tan pura y primitiva como perfecta y redentora de la sociedad, que deja paso, cada vez más rápidamente, al habitual comportamiento de un régimen político tan imperfecto como es la democracia representativa, pero que gracias a esa imperfección constitutiva, ese régimen sigue siendo el que más libertad y justicia ha conseguido para las personas reales y corrientes.

Resulta que Pedro Sánchez, el dirigente socialista, y Pablo Iglesias, el dirigente emergente populista, se han reunido para hablar de política con mucha discreción, casi en secreto, desde luego con escasísima transparencia. ¡Es la vuelta a las prácticas de la vieja política! Pablo Iglesias, el antes debelador de ese tipo de reuniones, ha tenido el detalle novísimo de informar a los periodistas de que los dos hablaron de baloncesto, al parecer deporte que apasiona a ambos dirigentes. Las críticas que se han dirigido contra ese retorno a conversaciones políticas privadas, sin cámaras televisivas y fotográficas, y sin grabadoras extraordinariamente sensibles, no se han podido extender a todos los nuevos electos. En varias localidades españolas, como Valladolid, los concejales pertenecientes a candidaturas asamblearias han sido fieles, ¡menos mal!, a sus propuestas de democracia directa. En la plaza de la Universidad de Valladolid, los concejales electos de una nueva plataforma populista, pidieron a todos los ciudadanos que se congregaron en ese espacio urbano, casi un ágora de nuestros días, que les dijesen qué debían hacer en el ayuntamiento, a quién debían elegir alcalde de la capital de la Región, y todas las cosas que deberían tener en cuenta unos representantes de una democracia de nuestro tiempo. Después de leer el libro del filosofo coreano-alemán Byung-Chul Han, “La sociedad de la transparencia” (2012), nos ha surgido alguna duda, por una parte, referida al encuentro de los dos líderes, y por otra, con la experiencia vallisoletana, que pretendía ser un gozoso renacimiento de las asambleas de la Esparta de Licurgo y de los éforos.

Aunque menos innovadores en procedimientos decisorios, “Ciudadanos”, la otra fuerza emergente, lamentablemente, no ha tenido otro remedio que hacer lo que vienen haciendo en Madrid los demás partidos: destituir a sus líderes madrileños y disolver las estructuras partidarias. Albert Rivera y su “hombre fuerte”, Fran Hervías, comunicaron a sus afiliados madrileños, el jueves por e-mail, que el domingo 7 de junio se celebraría una Asamblea Extraordinaria para aprobar “un nuevo modelo de organización interna para la agrupación de Madrid Ciudad”, lo que supondrá la disolución de la estructura local para dividirla en 21 agrupaciones pequeñas. ¡Divide y vencerás, es lema militar y de los militantes que en el mundo han sido! Esta inesperada decisión, que no ha sido comunicada previamente, ha desconcertado a personas que esperaban otra cosa de un partido que se presentaba como menos intervencionista. Sin embargo, a juicio de algunos afiliados, el centralismo partidario ha sido el propio de las demás organizaciones, sólo que en este caso el centralismo procede de Barcelona, y los afectados están en la capital de España.

Dejando de lado sus endebles y oportunistas exigencias sobre las primarias y dimisión de los imputados (¡los imputados no son acusados!), “Ciudadanos” necesita aparecer como un partido ideológicamente útil. Si le da apoyo al PP de Cifuentes para el gobierno de Madrid, ¿puede “Ciudadanos” moderar al PP en puntos decisivos como impuestos y liberalización económica? Mi opinión es que no. El PP, lógicamente, se servirá del pretexto “Ciudadanos” para realizar su programa de verdad, sin las ataduras “socialdemocráticas” a las que le obliga sus votantes de clase media y baja. A “Ciudadanos” le pasará con el PP lo que le sucede al PSOE con los nacionalistas: no les puede seguir hasta el final. Sin embargo, un acuerdo con el PSOE tendrá entidad, pues acordará medidas impositivas y liberalizadoras que los socialistas no hubieran realizado solos nunca, y por otra parte “Ciudadanos” tendrían el soporte social del PSOE para llevarlas a cabo. ¿El Gobierno socialista de Andalucía será equilibrado con el apoyo al Gobierno PP de Madrid? Para “Ciudadanos” encaja con su centrismo equilibrado. Otra cosa es que al PSOE no le interese que “Ciudadanos” se consolide en esa franja electoral, que en tiempos fue suya.

Debajo de la espuma un hecho: los Reyes de España rindieron homenaje en la República de Francia a los soldados españoles republicanos y antifranquistas que liberaron París de los ocupantes nazis. Recordemos a los partidos nacionalistas que pitaron al Rey y al himno nacional en Barcelona, o los gestos supuestamente republicanos de los partidos contrarios a la Constitución de 1978. Pero también no olvidemos las protestas del actual partido de Gobierno cuando se borraron los signos de la dictadura del General Franco. El sistema aguanta, los problemas son hoy también difíciles, lo que hace falta es que los actores se sepan al menos el argumento.