ESTRENO "ORPHÉE ET EURYDICE"
Miércoles 28 de mayo de 2008
Y es que la ópera del compositor alemán es un delicado equilibrio entre palabras, música y teatro, ya que en su composición siempre trató de que el lenguaje, la poesía y la acción dramática reflejaran la simplicidad y el poder de la tragedia griega.
Una de las propiedades de la buena música es, sin duda, la resistencia al paso del tiempo y la de Gluck es buena prueba de ello. Orphée et Eurydice se estrenó en París el 2 de agosto de 1774 y ya entonces, Jean Jacques Rousseau dijo: “No conozco nada más perfecto que la escena de los Campos Elíseos. En toda ella se goza de una felicidad pura y serena, con tal carácter de uniformidad y equilibrio que no hay un solo rasgo que exceda lo más mínimo de la justa medida. Emplear un par de horas en el disfrute de tan gran Placer me persuade de que hay cosas por las que aún vale la pena vivir la vida”. Ese sentimiento es plenamente vigente hoy y la producción del Teatro madrileño se ha empeñado a fondo para que nada pudiera fallar. Y nada ha fallado en una excelente velada.
Poesía pura y música perfecta tienen que caer en buenas manos y, por supuesto, en buenas voces. La orquesta titular dirigida por el maestro Jesús López Cobos ha bordado con mimo exquisito la interpretación de esta composición simple, sin ornamentaciones superfluas. Melodías sinceras, de líneas claras y resultado profundo con momentos de absoluto protagonismo en la función. También el Coro del Teatro dirigido por Peter Burian ha estado impecable.
Armonía y naturalidad en la voz
En el apartado de las voces, la de Alexandra Marianelli, la jovencísima soprano italiana, que ha interpretado, con la armonía y naturalidad propias de la obra, el papel de Amor. Menos natural, en algunos momentos, la soprano española Ainhoa Garmendia, como Eurydice, un papel que ha tenido que preparar en muy poco tiempo, ya que ha sustituido a la soprano norteamericana Nicole Cabell, pero que ha estado a la altura en el gran dúo con Orfeo.
Y una voz por encima de todas. La del gran tenor peruano Juan Diego Flórez, que ha cautivado con este difícil papel, muy agudo y muy largo. También de gran expresión y el hecho de que se haya presentado en versión concierto ha llevado a que el público se centrase, aún más, en la música y en el canto. Flórez, que vive momentos de gran éxito profesional después de sus recientes bises en dos grandes templos de la ópera como la Scala de Milán y el Metropolitan de Nueva York, nos ha obsequiado en Madrid con un arrebatador Orfeo imposible de olvidar y las exclamaciones de bravo no han podido esperar hasta el final de la obra. Habían pasado solo treinta minutos cuando se ha escuchado el primer bravo acompañado de aplausos, que interrumpieron la función durante un minuto. Pero la emoción llegó al máximo al terminar el famoso y sublime aria “J’ai perdu mon Eurydice”, en el que una técnica exquisita, una poderosa voz y una conmovedora interpretación convirtieron el momento en el reconocimiento de la absoluta genialidad de Juan Diego Flórez.
Hace unos días, cuando le preguntaban por la expectación creada por sus impresionantes éxitos internacionales, bromeaba el tenor con sencillez y declaraba: “Me voy a convertir en el bis-man”. Una pena que en Madrid no le hayamos dado la razón.
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