FERIA DE SAN ISIDRO
Efe | Viernes 05 de junio de 2015
Un batacazo que vino propiciado por la absoluta falta de casta de los "victorinos".
Como el título del filme de cineasta alemán Oliver Hirschbiegel, la plaza de toros de Las Ventas fue testigo de "El Hundimiento" del que fuera, en su día, gran ídolo y consentido de su afición: Manuel Jesús "El Cid".
El torero de Salteras (Sevilla) sufrió en "su" plaza de Madrid una de las derrotas más dolorosas de su carrera, y no sólo porque los toros de Victorino Martín fueran de lo más descastado, insulsos y deslucidos, sino también porque su falta de ánimo para mostrar un ápice de actitud y de recursos para resolver mínimamente, le dejan en una situación crítica en la profesión.
De aquel Cid que conquistó Madrid a principios de siglo no queda hoy ni su sombra. Aquel torero que resurgió a golpe de naturales, firmando faenas para el recuerdo, de las más importantes y rotundas que se recuerdan en los últimos 10 años, a pesar de su mala espada, actualmente se encuentra sumido en un momento francamente malo.
El problema es que esta situación tan preocupante no es nueva. Ya viene de atrás. He aquí la cuestión hacia sus apoderados: ¿Acaso no son capaces de frenar los impulsos de un hombre enfilado en una irrefrenable cuesta abajo, y aconsejarle de que no era el momento de encarar una gesta que, lejos de ser tal, podría haberse convertido en su tumba profesional?
Ya está dicho que la corrida de Victorino no funcionó. Ni uno sólo, que se dice pronto, embistió con la codicia y la emoción que siempre ha caracterizado a los toros de la A Coronada, que, esta vez, tuvieron el depósito de la casta más allá de la raya de la reserva. Si acaso el precioso primero, en el límite de la raza y defendiéndose también lo suyo, tuvo algo más de movilidad, la cual medio aprovechó El Cid para construir la faena de más entrega de la tarde, a pesar de que en lo artístico aquello no pasara de un par de naturales aislados.
Pero al menos se vio algo de actitud, la misma que, sin embargo, salió de najas camino de Manuel Becerra según salió por chiqueros el segundo de la tarde, un animal más vareado y que, gracias a su descastamiento y escasas fuerzas, no pudo desarrollar la "guasa" que llevaba dentro.
Toro gazapón, que se arrancaba de improviso, viniéndose acostado, frenándose y reponiendo. Difícil papeleta para un Cid, que no pasó de las probaturas, tirando por la calle del medio a las primeras de cambio.
No mejoró el panorama con el tercero, que se desfondó por completo en la primera arrancada que tuvo en la muleta de un Cid tan precavido como breve. Igual con el cuarto, uno de los toros más feos de la feria, y que sembró el caos en banderillas, hiriendo en la axila a David Saugar.
A esta altura de la corrida habría que señalar que la infantería elegida por "El Cid" para la ocasión estuvo a la misma altura que el momento que atraviesa.
En el quinto fue donde realmente se vio ya a un Cid desbordado por completo, frustrado por no poder desarrollar físicamente lo que la cabeza le decía. ¿O al revés?. El caso es que la imagen de derrota era total, y los tendidos que tanto le adoraron en su día, ya empezaban a cansarse de tanta falta de compromiso. La faena al sexto, si se puede llamar así, fue lo que se dice simulacro de todo ante un animal vacío. Qué pena de tarde. Qué pena, Manuel. Tocado, y hundido.
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