Opinión

Todo por el cambio: la nueva España

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 11 de junio de 2015

Desde este sábado, todo lo que tiene que ver con la política será nuevo. Es de esperar que en muchos lugares de España las cosas se hagan de forma distinta. Si no gobiernan formaciones que nos lo prometieron así, estarán los de siempre pero con la obligada lista de exigencias de los nuevos. Como se decía desde Podemos, se está trabajando para que cambie “la lógica política”. Desde Ciudadanos hablaban simplemente de hacer “política con mayúsculas”.

Se abre, por tanto, un periodo de incertidumbre, un compás de espera para saber si las nuevas ideas, las nuevas formas en el tratar la cosa pública van a dar resultado. Parece claro, todos estamos de acuerdo, que una cosa es rellenar de propuestas y objetivos un programa electoral y otra, desde luego muy diferente, empezar a gestionar, a gobernar, a decidir y decir en qué se van a gastar nuestros dineros para que todos vivamos mejor.

Ahora les toca decidir a los nuevos o a los de siempre bajo la supervisión de los nuevos. Toca trabajar y mostrar que la nueva política es ya una realidad. La ciudadanía votó cambio y quiere verlo, pero (¡ay, ese pero!) las generales están muy cerca y que a nadie le quepa la menor duda de que muchos están ya en campaña.

Y a este respecto, los cambios también van por el Gobierno. O más bien por el PP. Rajoy ha dicho que va a hacer algo, pero tiene lógica que haya más cambios en el partido que en su Ejecutivo. No tiene sentido, políticamente, cambiar a tan poco tiempo de unas elecciones generales. Así, Rajoy aconseja rebajar las expectativas sobre posibles cambios en el Gobierno, pero lo más probable es que una mayoría de los españoles no espere nada sustancioso del presidente.

Llegó el gran cambio. Tanto que apoyar en un sitio al PP y en otro al PSOE hay quien lo entiende como ejemplo de la tan ansiada regeneración democrática. Si facilitar la gobernabilidad da réditos políticos es una cuestión a estudiar. Si esos gobiernos que Ciudadanos sostiene funcionan, ¿a quién felicitamos, a quién beneficiará? Y si fracasan y sus acciones políticas desencantan a sus respectivas poblaciones, ¿a quién criticamos, quién saldrá perjudicado?

En Barcelona, su nueva alcaldesa se hizo famosa por defender los desahucios, pero la cruda realidad, lo que se va a encontrar sobre la mesa, el día a día de la gestión de un Ayuntamiento como el de Barcelona necesitará de todo su buen hacer y sensibilidad, incluso, con organismos, empresas y entidades a las que ha puesto a caer de un burro.

Esperemos que no se marchen muchas empresas –más paro para la ciudad– tras su pacto con los independentistas de ERC. El problema es a dónde escaparse. Tendrán que irse fuera de España porque en otras grandes ciudades españolas están en las mismas. Por ejemplo, en Valencia. Los pactos a tres bandas pueden estar bien –si a uno le parece bien hacer “lo que sea” con tal de que no gobierne la formación más votada– siempre y cuando a los de Compromís no les dé dentro de un tiempo, pasada la fiebre del entendimiento y el acuerdo, por pedir la incorporación de Valencia a los Países Catalanes.

Pero más impactante resulta ver a Podemos a cargo de la Policía de Madrid. Ese sí que es un gran cambio. Veremos si el representante de un partido amigo del 15-M y las mareas de todos los colores da orden de que los agentes actúen como es su responsabilidad ante concentraciones multitudinarias ilegales o les pedirá que se echen a sus brazos y compartan las movilizaciones. Sin duda, un gran cambio.

De momento ha dicho que pedirá a los policías “que actúen correctamente”. ¿Eso también es un cambio?