LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS
José Antonio Ruiz | Viernes 12 de junio de 2015
Cuadro clínico de España. La corrala ibérica es un cálculo electoral, con varias piedras en el riñón por exceso de calcio, a un tris del cólico nefrítico.
Patología asintomática: ausencia de dolor. Ni siente ni padece. Pero podemos perderla en cualquier momento. La auscultación es engañosa. El enfermo está mucho más grave de lo que parece tras el rutinario tacto rectal. El equipo médico se teme lo peor. Nadie sabe si saldrá de esta o perecerá en el intento.
Días de postureo, de ‘vis a vis’ y de apareamientos. Con los negociadores que han participado en el enjuague de repartos de poltronas en califatos y ayunta-mientos, viene a pasar algo parecido a lo que le sucede a Helen Mirren en The Queen: que es más creíble la interpretación de la británica que el propio personaje real de Isabel II, encarnación del muermo.
‘Ciudadanos’: ubicación ideológica diferida hasta las Generales. Las huestes de Rivera reparten palos y zanahorias entre socialistas y populares, para evitar escorarse a un lado o hacia otro de la ribera del río. El funambulismo elevado a la enésima potencia produce monstruos, y uno de ellos lleva por nombre el de Prepotencia. Se supone que había que elegir entre susto o muerte, y al menos no están contribuyendo al bloqueo de las instituciones ni dando alas al pájaro nacional-independista.
Sólo Alonso cree en McLaren. Y a veces tengo la sensación de que al abajo firmante, más ingenuo que el casto José de La Corte del Faraón, le sucede algo parecido con esta España demencial, donde casi nadie parece estar dispuesto a dar nada a cambio de nada.
Hispania romana: hace mucho que la historia ha dejado de estar de tu parte y no quieres darte cuenta. ¡Cuánto daño ha hecho un tal Arriola, no ya al PP, que allá ellos, sino al país!
No es casualidad –sino un guiño conmemorativo a la efeméride- que el Barça celebre elecciones presidenciales precisamente el 18 de julio, pues a lo que se ve son muchos los nostálgicos del Glorioso Alzamiento Nacional que ambicionan rememorarlo a su manera.
Arturo debería aprovechar las urnas del Nou Camp para hacer coincidir su referendo plebiscitario de los cojones, sin esperar a que la monja Forcades se despoje de los hábitos para aspirar a liderar, extramuros del convento, a la feligresía catalana. Como le ha sucedido al Madrid con Kevin Roldán, con Mas empezó todo, que diría Piqué. Y con Mas acabará el día que se le hiele la sonrisa de hiena.
Los unos entonan el Cara al sol, los otros La Internacional, los de más acá el Eusko gudariak, y los de más allá Els Segadors, mientras los parroquianos asistimos desde el tendido de sombra a la reedición de las Guerras Púnicas, tentados por la idea de saltar al albero.
Aquí la única capaz de encadenar varias legislaturas consecutivas copando la portada del Hola es la Preysler. No se habla de otra cosa, que diría Peñafiel. Isabel, Nobel de Literatura, ha decidido poner fin a su luto. Que haya o no haya tema con Vargas Llosa, está por ver. Lo importante es dar que hablar y entretener a los españoles resignados con los affaires del cuore. Hay mucha más gente de lo que parece más interesada en La vida de los otros que en la propia, que tendría que hacérselo mirar.
Tania Vaciamadrid, la perrofláuta pija que iba para Primera Dama, ya es imputada, qué putada. La Infanta se ha quedado sin Ducado de Palma Arena. Y tal y tal…
Me sé de algunos que van a tener que cruzar los Alpes, como Aníbal, pero huyendo de la persecución enemiga, como se produzca el advenimiento de la verdadera casta. La revolución es una ensoñación que se ha inventado un falso samaritano con coleta para que nos ayude a sobrellevar los infortunios.