Opinión

¿Hemos perdido la intuición?

TRIBUNA

Nacho López | Sábado 13 de junio de 2015

“Estoy convencido de que todo lo que es importante a la hora de invertir es contrario a la intuición y de que todo aquello que es evidente está equivocado”. Charlie Munger

Cuenta mi madrina que cuando yo tenía 5 años, estando con ellos de veraneo en el pueblo de mis padres, una noche me subió mucho la fiebre y empecé a delirar. Con el susto en el cuerpo mi tío, su marido, llamó al médico del pueblo a las 3 de la mañana para que le dijera qué hacer y éste sin pensarlo dos veces le dijo “dale un puñado de aspirinas y verás cómo se le pasa”. Mi tío le respondió, “si me haces la receta, se las doy”. El médico salió de la cama, subió a verme y me ayudó a bajar la fiebre con otros métodos más tradicionales.

La intuición viene a ser como un conocimiento inmediato que nos viene de serie o que hemos aprendido. Gracias a ella, la solución se nos presenta clara y evidente, no hace falta pensarlo dos veces. Antiguamente se pasaban, de generación en generación, remedios caseros para curarse, cobijarse y alimentarse mejor. Se incorporaba el conocimiento de la naturaleza y de los animales que padres y antepasados habían adquirido, de modo que si encontrábamos un lobo en el monte uno no salía corriendo o si había una tormenta eléctrica, nadie se resguardaba debajo de un árbol sino que iba corriendo a una zona abiertay se tiraba al suelo. También aprendíamos las señales del lenguaje social, para salvarnos la vida en un momento dado y para evitar robos, engaños y desgracias en general. Si un desconocido se acercaba con las manos en la espalda o sonriendo exageradamente, uno sabía que algo no cuadraba (el acto de ‘darse la mano’ surge de la desconfianza del momento; si ‘chocamos la mano’, sé con toda seguridad que no vas a poder desenfundar una espada o una pistola para matarme).

El conocimiento inmediato (intuición) se adquiría de muchas maneras en la antigüedad. 1) A través de los genes de nuestros padres, cuyas células (ADN) y neuronas aprendían y evolucionaban como resultado de sus experiencias, buenas y malas. 2) Por nuestras propias vivencias y aprendizaje. 3) Gracias a la sabiduría popular que, con sus dichos y refranes, iba dejando un rastro de siglos de enseñanzas. 4) Por las acciones y lecciones de padres, hermanos y personas cercanas que nos impactaban y nos enseñaban. En épocas más modernas, otro tipo de medios empezaron a influenciarnos: libros primero; la radio, después; y el cine, la televisión, internet y el móvil, a continuación. En definitiva, la intuición siempre se ha nutrido del conocimiento más profundo, aquel que deja un surco como el río en la roca, y no como el leve rastro que deja una pisada en la arena del desierto. En su forma más elemental se podría hablar de instinto que, junto con la intuición, nos ha ayudado a sobrevivir, adaptarnos y evolucionar. Parece complicado neutralizar el poder del instinto más primitivo pero, ¿qué me dicen de la intuición?, ¿creen ustedes que se puede manipular hasta el punto de ser doblegada?

En la actualidad, como a lo largo de toda la Historia, vamos sustituyendo unas fuentes de conocimiento por otras. Cuando yo era niño, por ejemplo, si algo salía en la tele, entonces era verdadero y de fiar. Un producto, una noticia o una recomendación, si lo decía la TV, eran buenos. La cosa ha ido evolucionando hasta lo que ya conocen ustedes. Las principales fuentes de conocimiento ya no provienen tanto de los padres, de los mayores o de las experiencias reales y tangibles como de internet y de la televisión. El torrente de información es constante, continuo y repetitivo y es tan fuerte y abrumador que es capaz de anular el libre albedrío y de eclipsar la fuerza de la biología.

¿Se imaginan vivir enfrente de una pantalla que les mantenga informados, entretenidos y concentrados durante la mayor parte del día? ¿Se imaginan pasar todo el día en contacto con expertos que deciden lo que es bueno y lo que es malo para ustedes? ¿Un sitio donde todo el mundo parece saber, parece disfrutar y parece sexy e inteligente? ¿Se imaginan la alteración neuronal y celular que puede llegar a crear una fuente que monopoliza nuestra atención y nuestra estimulación sensorial? ¿Se imaginan qué o quiénes podrían estar detrás de tal artefacto? Ahora quieren implantarnos su versión más ‘íntima’, el reloj inteligente.

Cuando estudié producción de TV aprendí a hacer una parrilla de un día cualquiera de emisión. La parrilla no consistía en dónde poner qué programa, serie o película sino en cómo repartir los anuncios, es decir, una buena parrilla está llena de buenos y lucrativos anuncios y los programas, en el fondo, están para rellenar el espacio vacío. Por desgracia, el mismo principio e interés mercantil está detrás de la política, las finanzas, la educación, la medicina o el mundo de la comunicación. La industria alimentaria, la farmacéutica, la energética, la armamentística, la tecnológica o la ciencia en general también comparten oscuros intereses. Lobos con piel de cordero.

No creo que hayamos perdido la intuición, sino que se encuentra aletargada. Vagamos como zombis agitados incapaces de discernir lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso. Hoy en día, si a una embarazada le dicen que es mucho mejor un parto por cesárea que un parto natural, ¿quién es ella para cuestionarlo? Si su gestor financiero le aconseja comprar un fondo mixto porque el entorno es favorable y, según él, es más seguro que tener el dinero en su propia casa, ¿quién se resiste ante la opinión del experto? Si en la TV dicen que ‘hay que consumir’ por el bien de todos o nos muestran un reportaje sobre la maravillosa vida y obra de uno de nuestros bondadosos regentes o filántropos, ¿quién narices va a ahorrar o a pensar mal del pobre señor (o señora)? Si el tutor de nuestro hijo nos comunica que el pequeño sufre de déficit de atención e hiperactividad y el psicólogo del colegio nos recomienda medicación y terapia, ¿quién puede oponerse?

No me extraña que Charlie Munger, mano derecha y socio de Warren Buffet, advirtiera tal realidad a la hora de invertir, aunque ya puestos, podría haber ido más allá y haber dicho que gracias a que las cosas son así, él es multimillonario y accionista de muchas de las empresas e industrias que inyectan conocimiento enlatado que condiciona nuestra sabiduría, nuestro crecimiento y, por supuesto, la intuición nuestra y la de nuestros hijos.

De momento seguimos medio dormidos, aunque quizá algunos estén despertando.

“Ninguna ley puede ser sagrada para mí, excepto la de mi naturaleza”. Ralph Waldo Emerson