Coordinado por Raquel Crisóstomo y Enric Ros. Errata Naturae. Madrid, 2015. 304 páginas. 19,90 €
Por Francisco Estévez
Ante la caída generalizada de los índices de audiencia del medio en general, las series de televisión viven una época de esplendor sin desmayo. En clave apocalíptica algunos tienden a asimilar las series televisivas a esos terribles folletines del siglo XIX que con ínfulas de suplantar a la Literatura, ofrecían a cambio narraciones melodramáticas, llenas de efectismo a un público ávido de historias. Otros analistas, estos con ansia de asimilación, sitúan las teleseries a un nivel cinematográfico. Uno se pregunta ¿a qué cine?, ¿postcine, tal vez? Si es que aún podemos seguir hablando de tal arte en un mundo donde la teorización sobre su muerte viene de largo. Recuérdese aquel libro pionero en 1967 de Roger Bousinot, El cine ha muerto. Viva el cine. Ni apocalíptico ni integrado, el fenómeno de las series televisivas es digno de aprecio en sí mismo, como hecho social, como género artístico.
Una sofisticación inesperada, un sustancial cambio en la manera de definirse, un acercamiento a nuevas y modernas sensibilidades -más precarias e individuales que nunca pero con las mismas añoranzas y deseos de siempre- define a las nuevas series televisivas. Sin duda alguna, Mad Men se erige como una de las que han propiciado y canalizado este cambio en la recepción de los seriales. La capacidad de empatía con su protagonista, Don Draper, permite interpretar ese fatal descalabro en la cabecera de la serie donde contemplamos la disolución del famoso publicista en ángel caído que se cuela por entre enormes copas de alcohol y eternas faldas de mujer. ¡Qué tan relacionada con el destronamiento y resaca del homus contemporaneus!
El presente libro coordinado por Raquel Crisóstomo y Enric Ros recopila una serie de acercamientos a la serie Mad Men donde convive el ensayo puro con la sociología, el comparatismo con la teoría de los géneros. El conjunto arranca con una entrevista a Matthew Weiner, creador de Mad Men, con previsibles preguntas, pero no por ello aburridas respuestas. Quien fuera también guionista de Los Soprano tiene, no por casualidad, La tierra baldía de Eliot como ideal poético y concibe la digresión como núcleo fundante de la historia. De relumbrón encabeza el libro un relato en clave biográfica de Enrique Vila-Matas. El escritor enfatiza la voluntad fragmentaria y la querencia por los relatos cortos, independientes pero complementarios en una estructura más amplia de la serie americana. Propone además una curiosa teoría sobre el cuento en el siglo XX, apoyado en la Tesis sobre el cuento de Ricardo Piglia. Y tomando como base esa buena novela que es Lo mejor de la vida, de Rona Jaffe, destaca la profunda esencia narrativa de la serie. Otros ensayos a destacar son el estudio histórico y mítico de Óscar González o el comparatismo entre Master of sex y Mad Men expuesto por Jorge Carrión. El catalán evidencia con acierto los lazos y confluencias con otras series que recrean aquellos años cincuenta y sesenta estadounidense, como Magic City.
La sensibilidad no se agota en la elegante fotografía, el vestuario simpar y unos muebles de exquisito diseño en Mad Men. Muy por el contrario, un poso literario y reflexivo empapa esa recreación estilizada de los años sesenta. Conviene recordar que el capítulo piloto de Mad Men queda vertebrado por aquella famosa idea por todos conocida: la felicidad no reside en el éxito. El mundo de la publicidad y las transformaciones que viven en los primeros años de los sesenta son epítome de una sociedad cuyo paroxismo alcanza techo en la actualidad. Nuestras zozobra posmoderna es pariente de aquellas dudas sesenteras. De hecho, a veces resulta difícil saber si Mad Men habla más de aquella época de los años sesenta o de la actual.