Los Lunes de El Imparcial

James Salter: Años luz

NOVELA

Domingo 21 de junio de 2015

Traducción de Jaime Zulaika. Salamandra. Barcelona, 2015. 384 páginas. 8 €

Por Carmen R. Santos



Con la muerte de James Salter, acaecida este viernes 19 de junio, desaparece una de las más sobresalientes figuras de las letras norteamericanas. Una figura, sin embargo, un tanto desconocida para el público mayoritario, pero enormemente apreciada por la crítica, por sus colegas escritores -Richard Ford le considera su maestro-, y por los amantes de la gran literatura. Salter es así uno de esos autores “de culto”, que puso en pie una obra con esa paciencia de orfebre que no se rinde hasta alcanzar un estilo luminoso. Salter no se apresuraba en esa carrera loca en la no pocas veces se convierte la creación literaria en nuestros días. Hace dos años apareció Todo lo que hay, publicada más de tres décadas después de su anterior novela. Únicamente así logró conjugar a la perfección ese estilo tan trabajado -aunque resulte de una radiante sencillez- con unas historias repletas de profundidad y de tan sutiles como lúcidos análisis de la condición humana y de algunos de sus más perseguidos empeños. Como el del amor y la búsqueda de una quizá imposible felicidad.

“-¿Eres feliz, Viri? -preguntó ella […] ¿Si era feliz? La pregunta era tan ingenua, tan ligera. Había cosas que él soñaba hacer y que temía que no haría nunca. Sopesaba a menudo su vida. Y sin embargo todavía era joven, los años se extendían ante él como llanuras sin fin”. Esta es la pregunta que Nedra le lanza a su esposo Viri. Nedra y Viri son los protagonistas de Años luz, una de las novelas más significativas de la cosmovisión y la prosa de Salter, cuya edición de bolsillo acaba de publicar Salamandra, editorial que ofrece en su catalogo prácticamente toda su producción.

Años luz se inscribe en esa línea de novelas que exploran las trampas del amor, el inexorable declive de la pasión que sucumbe ante toneladas de rutina y malentendidos. O, peor aún, de indiferencia. Esa indiferencia a la que llegan Nedra y Viri en su adorable casa de campo, enclavada a orillas del río Hudson en las afueras de Nueva York, y donde viven con sus dos hijas, Franca y Danny. Las grietas se van haciendo más y más profundas, y la pareja se lanza a relaciones extraconyugales que son igualmente frustrantes. Porque la existencia no es un cuento de hadas, por mucho que preciosas casitas como la de Nedra y Viri pretendan hacer creer que los albergan. A esa casa, a ese paraje, regresa Viri al final de la novela, en una de sus escenas más sugerentes. Ha pasado mucho tiempo. El matrimonio se deshizo, crecieron sus hijas y Nedra murió. En ese paraje, Viri se encuentra con una tortuga, y el narrador nos dice: “Le pareció terrible que nada hubiese cambiado, una gasolinera con sus edificios de madera, los propios terrenos. Se le embotó la mente. Procuró no pensar en nada, no ver las cosas. Todo era una confirmación de que los días habían continuado su curso, de vida recobrada. La suya se componía de desesperación, vagabundeo”. En Años luz, James Salter es el cronista del ocaso del amor. Pero lo es sin estridencias, con un sabor a elegía tan contundente como elegante.

La vida de James Salter no se despeñó por los derroteros de la desesperación, como la de su personaje Viri. Él mismo nos la cuenta en sus memorias Quemar los días (Salamandra): su infancia, su paso por la academia militar de West Point, su participación como piloto de combate en Corea, sus inicios como escritor, su actividad de guionista… Una vida plena que ha llegado ahora a su fin a poco de cumplir Salter noventa años.