Opinión

Con Pedro hasta la bandera

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Lunes 22 de junio de 2015

Si alguien penetrara en las cuevas de Altamira y observara que entre las pinturas rupestres de nuestros ancestros aparece coloreada la bandera rojigualda, su rostro no reflejaría las toneladas de sorpresa que han sobrecogido a los españoles viendo a Pedro Sánchez en el Circo Price de Madrid engalanado con los colores nacionales. Nadie alcanzaba a imaginar que el socialismo patrio con su reciente candidato a presidente del gobierno se hiciera todavía más patrio y más español después de su componenda con los comunistas revival y el nacionalismo fósil en ayuntamientos y gobiernos autonómicos.

Con bandera pero sin primarias (bochornoso según Rivera) y acompañado de su gentil mujer, Sánchez pisó escena con un pie al estilo Blair y con otro a lo Palmer. Socialdemocracia y moderación, o sea, cinismo. Discurso centrista, hoy no tocaba frentista, en consonancia con un elegante terno y una impecable imagen de rostro aseado y afeitado, como en domingo de Ramos y a la hora de misa mayor. Que no son días para ir de casual ni con las pintas que llevan algunos concejales emergentes de los que juran el cargo por imperativo legal, dicen que le advirtió su personal shopper muy de mañana. Afortunadamente el estilista acertó pues la proclamación de Sánchez no se pareció en nada a esas galas de entrega de balón de oro en las que los galardonados suelen agredir, además con insistencia, al buen gusto y a la elegancia.

El efectista episodio del Circo Price con el ornamento patriótico de fondo tiene mucha miga; mucha más que una impactante pero mera puesta en escena a la americana. Que el PSOE se atreva, por fin, a mostrar la bandera de España sin que haya de por medio un logro deportivo patrio es causa de regocijo y alegría. Ojalá que a partir de ahora la caravana electoral socialista recorra el país, especialmente algunas tierras, en ambulante escenario decorado con el pabellón nacional. A buen seguro que de vivir hoy Indalecio Prieto estaría orgulloso de sus compañeros de partido. El rescate del símbolo certifica que en Ferraz han aprendido la lección de los manuales de historia que instruye cómo nuestro estandarte tiene un abolengo y una solera de siglos y no fue confeccionado por Franco mientras viajaba a Marruecos a bordo del Dragon Rapide ni bordado en rojo ayer por Primo de Rivera. No el de Ciudadanos, el otro.

Ahora que una vez superada la alergia socialista a la enseña nacional que a todos nos une o debiera unirnos habrá que estar atentos por si Sánchez tuviera una recaída de españolidad. Las patologías son síntoma de debilidad y siempre bullen y se agitan virus amenazantes dispuestos a atacar al organismo desde dentro o por fuera. Pudiera suceder que uno de estos comunistas de vintage, que día tras día se resetean con aplicaciones y programas quinquenales, tuviera deseos de afearle al jefe socialista el desfile de afirmación nacional en su segundo año triunfal y primero de la victoria. Con recordarle, incluso a través de un simple zapatuit, los 600.000 votos menos que Rubalcaba y la geometría política resultantes del 24-M, tal vez Pedro Sánchez se apresuraría a subir de tres en tres los escalones que conducen al desván del olvido y devolver al baúl de los recuerdos la reliquia rojigualda. Total, Indalecio Prieto era de antes de Franco. Por el bien de España esperemos que al líder del puño y la rosa no le dé por jugar con una mano a populista y con otra a constitucionalista.