TRIBUNA
Cristina Hermida | Miércoles 24 de junio de 2015
Asistimos en estos días a un considerable despliegue militar de Estados Unidos en diversos países de la Europa del Este que tiene como objetivo principal defender a Europa frente a Rusia. Concretamente, se trata de un despliegue de artillería, vehículos blindados y tanques que se asentará en los países bálticos –Lituania, Letonia y Estonia-, Polonia, Rumanía y Bulgaria. La razón de esta decisión anunciada por Ashton Carter, Secretario de Defensa estadounidense, obedece al intento de ofrecer un mayor grado de confianza y seguridad frente a la ofensiva rusa en Ucrania.
La medida ha podido ser puesta en marcha después de que el Parlamento de Ucrania, Rada Suprema, autorizase el despliegue en su territorio de fuerzas extranjeras para mantener la paz y seguridad según un mandato de la ONU o de la Unión Europea. La ley impide participar en dichas operaciones de paz a aquellos países implicados en la “agresión militar contra Ucrania”, en clara referencia a Rusia, a la que Kiev acusa de armar a las milicias separatistas del este del país. Fueron 240 diputados los que apoyaron esta iniciativa legal del partido oficialista que exige que el despliegue de tropas extranjeras responda a una petición expresa por parte ucraniana, teniendo en cuenta que la Constitución ucraniana prohíbe expresamente el emplazamiento de tropas y bases militares de otros países. La ley fue aprobada precisamente después de que la región de Donetsk fuese testigo de los enfrentamientos más sangrientos entre fuerzas gubernamentales y milicias prorrusas desde que ambos bandos acordaran en febrero de 2015 un alto el fuego en virtud de la firma de los acuerdos de Minsk.
Ya advirtió Poroshenko hace algún tiempo, concretamente, en su mensaje anual al Parlamento de Ucrania, que el país seguía amenazado por “una guerra en toda regla” por parte de Rusia, lo que ha mantenido y mantiene en tensión a las dos partes en conflicto. Si hay pruebas fehacientes de que Rusia continúa suministrando a los separatistas "armamento de última generación", además de combustible, municiones y alimentos, parece que no es arriesgado atisbar un futuro inminente de peligro para la población ucraniana. Sin embargo, la pregunta es si ello podría llegar a justificar un ataque en términos de acción preventiva.
Desde de mi punto de vista, en cierto modo, la actual medida norteamericana se acerca peligrosamente a la doctrina política de George W. Bush cuando éste echaba mano de acciones preventivas en el año 2003, invadiendo Irak al estar convencido de que Saddam Hussein poseía armas químicas de destrucción masiva. Con su decisión en aquel momento pretendía adelantarte a la consumación de un posible atentado o crimen contra la Comunidad internacional. Creo que hay cierto paralelismo con el caso que nos ocupa ya que casi como si del film de Steven Spielberg Minority Report se tratara, lo que parece contar es el “futuro” motivo para la legítima defensa y no el “presente”.
Tengamos en cuenta que como el propio embajador estadounidense ante la OTAN ha declarado, en la actualidad, . .
Da la impresión también de que el paso de gigante dado ahora por Estados Unidos se aleja del mensaje defendido por la portavoz de la Comisión Europea, Maja Kocijancic, cuando advertía que para la institución europea el alto el fuego debe ser plenamente respetado y todas las armas pesadas retiradas y conservadas en lugares de almacenamiento abiertos a la verificación regular por parte de los monitores de la OCDE.
Esperemos que el despliegue de tropas estadounidenses en el Este de Europa no conduzca a lo contrario de lo que se pretende conseguir y que al final la espiral de anticiparse al posible ilícito del enemigo termine en una cruenta y absurda guerra. No podemos ser tan insensatos y olvidar que la primera guerra preventiva de la historia moderna llegó a legitimar el ataque como un instrumento necesario incluso en términos morales para la política exterior norteamericana.
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