Jueves 25 de junio de 2015
Se ha cerrado la reunión del Eurogrupo sin acuerdo. El calmado optimismo con el que el presidente de la institución, el holandés Jeroen Dijsselbloem, recibió la última propuesta de reformas griega. Las reformas eran claramente insuficientes, pero al menos suponían un cambio de actitud. Tsipras había dicho que las pensiones no se tocaban. Pero el Estado griego destina a las mismas el 16 por ciento del PIB: Uno de cada seis euros que produce la economía helena. Es una situación insostenible, y siempre llamó la atención la generosidad de las pensiones de aquél país, y la perversa incidencia de la jubilación anticipada. Cualquier reforma creíble tenía que pasar por ahí, y finalmente Syriza cedió: Se rebajaría el gasto en pensiones un 0,37 por ciento del PIB este año, y un 1,05 por ciento el que viene. Insuficiente, sí, pero la música era distinta. Por otro lado, Grecia dedica un porcentaje anormalmente alto del PIB al gasto militar. Teniendo en cuenta que su potencial enemigo, Turquía, es socio en la OTAN, ese gasto tan abultado no parece justificado. Se reducirá en 200 millones anuales.
Ahora bien, el grueso del ajuste, hasta los 8.000 millones de euros, recala en el aumento de impuestos. No es lo más adecuado, teniendo en cuenta los castigados bolsillos de los ciudadanos, que sufrirían con un aumento del tipo general del 26 al 29 por ciento. O las empresas que facturen más de 500.000 euros, que tendrán que pagar una sobre tasa del 12 por ciento. Y todo para costear un Estado ineficaz, concebido como una red clientelar y no un aparato funcional o asistencial, y cuyo coste está muy por encima de la lo que puede permitirse esa sociedad. Incluso el Fondo Monetario Internacional, que no tiene mayores prevenciones ante el aumento de ciertos impuestos, ha dicho que el planteamiento le parece inadecuado.
Con todo, se ha visto en los miembros del Eurogrupo una predisposición a aceptar el acuerdo. El motivo es que Tsipras acudía a la reunión con un acuerdo con Rusia bajo el brazo, que llevará el gaseoducto de Gazprom a Turquía hasta la vecina Grecia. Y es sólo el último paso de un camino que lleva de cabeza a Grecia hacia el gigante euroasiático, más China y el resto de los BRICS. Alemania no quiere ver a Rusia sentada en Bruselas con pasaporte heleno. Y los Estados Unidos no están dispuestos a que eso ocurra, tampoco. Por eso están presionados hacia el acuerdo. No se puede dejar caer a Grecia… en manos de Rusia.
Grecia lo sabe. Pero también sabe que ni Rusia, ni China ni las dos juntas tienen capacidad para rescatarla. Y que el tiempo apremia. Este jueves re reanudan las conversaciones. Con una hoja menos en el calendario.
TEMAS RELACIONADOS: