“Algunas personas me consideran más memo de lo que soy en realidad y otras me estiman en mayor medida de lo que en realidad valgo. Pero me da igual. Me consideran un verdadero memo o alguien digno de estima. En ambos casos, me trae sin cuidado”.
Haruki Murakami. Baila, baila, baila. Tokio, 1988
En catalán “mas” se dice “més”: Pero se llama Mas y no Més.
En catalán suelen utilizar la expresión “mes a mes”. Pero él se llama sólo Mas.
De la misma manera que cualquier persona, Mas ha sido marcado por un conjunto de hechos (“el yo soy yo y mis circunstancias”) que parece que fueron: 1. Ser engañado por Zapatero que le prometió que respetaría la lista más votada y con los dedos cruzados le facilitó a Maragall que montara el tripartito, 2. Ser engañado por Zapatero que le garantizó que el proyecto de Estatut saldría de la Carrera de San Jerónimo sin pasar por la lavadora. 3. Ser ahijado político de Pujol y descubrir que confiaba más en la banca andorrana que en la Caixa. 4. Ser toreado (perdón por el verbo prohibido en aquellas tierras) por un tal Junqueras quien, con la sonrisa del oso Yogui, le gana al parchís sin quitarse la montera pues le come todas las fichas sin que el otro se entere (intentó cambiar al juego de la oca, pero caía en todas las trampas y pozos). 5. En fin, ser el único al que se le ocurre convocar unas elecciones para reforzarse y perder hasta los gayumbos. 6. Conseguir que la coalición que llevaba unida treinta y tantos años se disolviera y las partes partieran peras y se devolvieran las fotos y cartas de amor. 7. Ser regañado por las asociaciones empresariales y corporaciones profesionales que le recuerdan que el suicidio es una decisión personal pero que no puede llevar al abismo a toda una comunidad. 8. Contemplar las desinversiones o desvíos de las inversiones a otros lugares, aunque eso sí lo contempla como quien oye llover.
En fin, lo de la lista de candidatos “con” y no “del” Presidente para las elecciones del 27 de septiembre (haciendo coincidir el inicio de la campaña con la diada del día 11) es la última genialidad de un fracasado que, hundido en el fango, entierra al partido que le nombró, ante el hazmereir generalizado, y pone contra las cuerdas a una comunidad arrastrada a la incoherencia del alma colectiva, desgarrada y consumida ante un destino incierto querido solamente por unos politiquillos que visten pantalones de pata de elefanta.
Desgraciadamente no es una broma de mal gusto sino un signo de que siguen existiendo las locuras colectivas auspiciadas por iluminados.