Opinión

Nuestra crisis griega

Juan José Solozábal | Martes 07 de julio de 2015
Sorprende la actitud de las autoridades europeas en la crisis griega, pues se han movido con una ineptitud realmente asombrosa. Muestran una llamativa ignorancia de la situación creyendo que el resultado del referéndum a favor del sí estaba cantado, ignorando los efectos realmente perversos, pero obvios, en la opinión de su toma de posición contraria a la opción preconizada por el gobierno de Atenas. Los medios europeos se creyeron, y jalearon, la supuesta ventaja del sí en las encuestas o, los días previos al referéndum, el virtual empate técnico entre las dos alternativas. En el terreno abonado de la opinión pública griega las advertencias de el Presidente de la Comisión, el presidente del eurogrupo y muchos líderes europeos, incluido nuestro presidente del Gobierno, advirtiendo de los efectos catastróficos del triunfo del no, tuvieron un efecto boomerang evidente. Es lamentable la ceguera de los poderosos que les impide, aunque para ello se necesite bien poca perspicacia, ver la realidad y, sencillamente, enterarse de lo que pasa.

Pero la gravedad de la crisis no depende sólo de deficiencias de quienes han de tratarla, sino ante todo de su profundidad, que para mí es función de dos factores, que se refieren a la utilización en el conflicto de la negociación de la deuda, por parte del gobierno griego, de un instrumento superado en el escenario europeo, como es la soberanía nacional, y del comportamiento egoísta y no solidario de los agentes políticos. La situación griega es extraordinariamente difícil porque se ha observado en la negociación entre los acreedores y el gobierno heleno una actitud totalmente contraria a la base política de la Unión europea, recurriendo a la soberanía nacional que precisamente es la idea sobre cuya renuncia descansa la organización comunitaria. En Europa sencillamente ya no hay soberanía nacional, concepto absolutamente inoperante, que queda relegado a un plano silente y de reserva. Se forma parte de la Unión solo si se renuncia a la soberanía nacional, a cuya utilización recurren los socios exclusivamente para entrar y, en su caso, salir de la organización. De manera que sobra el recurso a la opinión nacional en relación con la decisión de un instancia europea, y la troika lo es, aunque referida a los países integrantes de la zona euro, pues los pueblos de la Unión no pueden por definición oponerse a un acuerdo válidamente establecido en el seno de la organización comunitaria, que era el que representaba la posición de los negociadores europeos. Es penoso el patrioterismo de los dirigentes griegos, en una manifestación de nacionalismo lamentable y retrógrada. Los pueblos de la Unión a cambio de su renuncia a actuar su soberanía en los asuntos ordinarios, como si dispusieran de un absurdo pase foral, además de poder abandonar la Unión si lo desean, disponen de un derecho a tomar parte en las decisiones comunitarias y sobre todo a ser tratados como socios, lo que impone a los órganos de la Unión una actitud de consideración y respeto a los intereses esenciales de todos su miembros. Esta actitud de lealtad por parte de la Unión -en este caso de los negociadores de la Troika- haciéndose cargo, en concreto, de la difícil situación del pueblo griego que debe ser ayudado como socio europeo, ha de ser correspondida por el gobierno griego que ha de anticiparse las consecuencias destructivas para la organización que tiene el proponer un principio de funcionamiento de la Unión, que haga depender las decisiones de la organización de su aceptación por sus miembros. Esto sencillamente representa la liquidación de la Unión europea, que solo puede avanzar si, como ha quedado dicho, se acepta la renuncia al veto de los estados a cambio de la garantía de su participación en la toma de las decisiones comunitarias.

El segundo factor que muestra la situación preocupante de la crisis griega tiene que ver con los efectos, por decirlo así, internos de la situación en cada uno de los miembros. Si la Unión rectifica en la negociación su postura en relación con la última propuesta que motivó la salida de la mesa del gobierno griego y el anuncio de la convocatoria del referéndum del domingo, esto significará un reforzamiento de aquellos partidos que cuestionando la actitud de la troika, en realidad atacan la posición de quienes la apoyan en el propio estado. Sería de recomendar una actitud de prudencia de todos y que esta consecuencia, que es evidentemente inevitable, no se magnificase de modo que dificulte la consecución de un acuerdo que finalmente resulte razonablemente aceptable.