Opinión

Los príncipes de las pymes

Cristina Hermida | Jueves 09 de julio de 2015
El reciente Informe Europeo sobre la Exportación de las pymes, llevado a cabo por Harris Interactive y encargado por FedEx Express, destaca la tendencia exportadora de las pymes españolas (47%), situándose muy por encima de otros mercados estudiados. Sobra resaltar el importante papel que juegan en Europa -y no digamos en nuestro país- las pequeñas y medianas empresas a la hora de impulsar la tan necesaria generación de empleo, contribuir al crecimiento y a la apertura de nuevos mercados. Precisamente porque este tipo de empresas constituye una extraordinaria fuente de riqueza a nivel nacional me parece que está más que justificada su protección y considero que no debería escatimarse en apoyos e incentivos para que puedan cumplir su papel de contrapeso frente al poder que cada día más ganan las corporaciones dentro del mundo globalizado en el que estamos instalados.

Por eso, me ha parecido de lo más oportuna la publicación de la obra Crónicas del mundo real. Un consultor en mundo PYME (2015), escrita por un estimado compañero de colegio, Javier Sastre, quien tras años de experiencia como directivo y consultor especializado en innovación, estrategia y marketing empresarial, se adentra en el complejo mundo de la pequeña y mediana empresa -que él visualiza en los “polígonos comerciales, locales y entresuelos comerciales”-, valiéndose para ello de una batería de armas con las que combatir los principales problemas, a sabiendas de que la mayoría de estas empresas tienen en España un marcado carácter familiar.

El libro se estructura en ocho capítulos de lectura fácil y amena, consiguiendo empatizar desde el principio con el lector gracias a su talante jovial y cercano, de crítica constructiva, que trata en todo momento de velar, como si de un “entrenador-médico personal” se tratara, por la sanación de la empresa enferma y por el cuidado del buen estado de la que se mantiene con solvencia robusta. Así, por ejemplo, Sastre muestra de una forma llana y directa las barreras que dificultan la innovación, sin duda, una de las patas sobre las que se asienta la captación de clientes. Y es que, como el propio autor explica en su obra, no se puede confundir innovación con “compra de innovación”, independientemente de que ésta sea o no tecnológica. Su propuesta parece razonable y es que en esta materia el sentido común parece una vez más imponerse: estudiar las necesidades estratégicas de cada empresa para averiguar el tipo de innovación que en cada caso se necesita. La innovación se convierte por ende en una herramienta clave para el éxito empresarial.

Con gran agudeza, se apuesta en el libro por la creación de un comité de innovación y equipos de innovación que de abajo a arriba recorren todo el organigrama de la empresa para así conseguir no sólo democratizarla sino un compromiso conjunto en el que los miembros de todos los niveles y con distintas visiones del negocio se sienten al final identificados en la persecución de un objetivo común.

Aun cuando “sin creatividad no hay innovación” (J. Emmerling), como Sastre se ocupa de resaltar, la primera no garantiza en ningún caso la segunda. De ahí que someta a examen las vías para conseguir el tránsito de la primera a la segunda. Me parece todo un acierto que se apunte en esta obra, con un tono claramente pedagógico de principio a fin, la importancia que adquiere en ello la coordinación ajustada de responsabilidades para la innovación.

Pero seguramente alguien pudiera preguntarse ¿cómo se encuentran las oportunidades para innovar? Pues también Sastre nos brinda una respuesta a ello, refiriéndose a tres vías sencillas para determinar este tipo de oportunidades (importación, problemas y tendencias). Aun cuando las innovaciones empresariales se traducen en mutaciones o adaptaciones a un ritmo vertiginoso como consecuencia de la revolución digital y del importante papel que juega internet en este ámbito, curiosamente, el autor pone de relieve cómo el afán de hablar de innovación no corre parejo con la realidad efectiva de innovar, en buena medida por la elaboración de planes que son pobres a nivel estratégico.

Los diez mandamientos del marketing empresarial del siglo XXI de P. Kotler son examinados con lucidez en el libro desde la perspectiva personal y crítica de Sastre. Me ha interesado especialmente el binomio entre empresa y valores partiendo de que las decisiones no pueden tener un fundamento meramente económico o financiero, acabando así con simplificados reduccionismos. Esta recuperación de la ética en el mundo de la empresa me parece sumamente importante en un mundo en el que muchas veces parecen pesar más los fines a conseguir que los medios o vías para alcanzarlos. Podríamos decir que Sastre se sitúa en las antípodas de Maquiavelo con consejos a los príncipes de las pymes para que no sucumban ante la inmediatez de las decisiones guiadas por un criterio única y exclusivamente económico.

También enormemente sugerente me ha parecido la tesis del valor de la educación empresarial en las escuelas para que esa siembra permita recoger el día de mañana, en forma de frutos, a una suerte de buenos emprendedores. La educación exige el fomento temprano de la creatividad, del trabajo en equipo, del refuerzo de lazos solidarios dentro del grupo y, por ello, el núcleo duro de esta educación es, en suma, una educación en valores. Me quedo con esta moraleja: sólo desde valores como el respeto al otro, la preservación de la igualdad de derechos y obligaciones y la tolerancia se puede alcanzar el éxito empresarial.