Raúl Mayoral | Jueves 09 de julio de 2015
Lo más llamativo del convulso episodio griego (no se renuncia al euro pero tampoco se acepta el euro), no es el predominio del factor emocional sobre el racional que en contextos de desesperación induce siempre a utilizar el voto como arma arrojadiza. Lo que atrae la atención del observador con perspectiva histórica es que el gobierno de Atenas es una insólita alianza entre comunismo y derecha nacionalista. No se había visto algo parecido en Europa desde el extravagante pacto entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. Preludio de un despedazamiento mutuo. Si a esa extraña asociación gubernamental sumamos las voces que jalean a los dirigentes de Grecia desde la ultraderecha francesa o la extrema izquierda española por su victoria sin alas nos adentramos en terrenos de asombro y estupor. Resultará necesario releer mucha historia del siglo XX europeo para comprender lo que nos está pasando y barruntar lo que pueda venir en lo sucesivo.
Si nos detenemos a repasar el período de entreguerras, varios son los acontecimientos de la década de los treinta, especialmente ocurridos en Alemania, que contienen cierta similitud con los protagonizados por los actuales gobernantes helenos. Tras llegar a la Cancillería de Berlín en 1933, un altanero y prepotente ultranacionalista alemán decidió la retirada de su país de la Sociedad de Naciones y de la Conferencia de Desarme. Aquélla decisión sería ratificada mediante referéndum nacional dominado también por el sentimiento más que por la razón en patente atmósfera de ira alimentada propagandísticamente contra un enemigo común: el Tratado de Versalles.
No solo se torna necesario desempolvar los libros y narraciones sobre aquellos pasajes de la Historia, también es prioritario revisar textos que se revelan como manuales de enseñanza perenne sobre cómo defender la libertad y no precipitarse hacia derivas totalitarias. Debemos recobrar el legado de pensadores-faro que tras la ruina moral y la postración física del viejo Continente nos enseñaron cómo prevenir y combatir las tiranías del odio, la barbarie y la opresión. En instantes azarosos como los actuales, Raymond Aron, Czeslaw Milosz, Jean-François Revel, Karl Popper o Friedrich Hayek emergen como resistentes titanes para mantener el latido de Europa.
Por si la oscuridad comenzara a abatirse sobre el paisaje europeo, debemos estar alerta y argumentar con firmeza y solidez frente los dogmas y falacias de quienes simulan lamentarse por la ausencia de una verdadera y auténtica democracia. ¡Como si Europa no fuera hoy un espacio libre y democrático! Quizás quienes así fingen sean en realidad nostálgicos de aquellas mal llamadas democracias populares y añoren gobiernos autoritarios presentados como una moda y hasta una necesidad en aquellos terribles tiempos de desfiles presididos por la esvástica y por la hoz y el martillo.