Opinión

Rajoy se quita la corbata

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 12 de julio de 2015

El PP, por fin, ha hecho caso a la legión de politólogos que le urgían a “renovar y modernizar” el partido. Y Rajoy ha tomado tres decisiones de gran calado: colocar a un par de treintañeros en la cúpula del partido, cambiar el logotipo y quitarse la corbata. En la Conferencia política de este fin de semana ya se respiraba el aire fresco que ha insuflado el presidente al PP con estas decisiones: escenografía yankee, grandes pantallas de plasma, altavoces saturados de decibelios para ver y escuchar bien a los líderes… Y ya está aquí el nuevo y moderno partido para hacer frente a los Albert Rivera de turno. Un lifting prodigioso.

Es verdad que el PP se ha planteado en esta Conferencia democratizar el partido, poner algún día en marcha las primarias entre los militantes para elegir a los candidatos y emprender acciones de Gobierno para invertir más en gasto social e insistir en la bajada de impuestos. En definitiva: ocupar electoralmente el centro liberal que en buena parte le han invadido.

No le va a resultar fácil la tarea a Rajoy. El PP ha gobernado un país que heredó hundido económica y psicológicamente. Para sacar a España de la crisis se ha visto obligado a aplicar la austeridad y subir los impuestos, algo impensable en un partido liberal, lo que le ha acarreado un aluvión de críticas, incluso dentro de su partido. Aznar y Esperanza Aguirre, por ejemplo. Hay que reconocer, no obstante, que la gestión de la crisis ha resultado un éxito, el mayor y más trascendental de esta legislatura.

Pero políticamente de poco le ha valido. La incesante e inteligente propaganda de la izquierda y, más aún de los radicales populistas, lanzada a los cuatro vientos por las televisiones de turno, ha deteriorado gravemente la imagen del PP. Para buena parte de la opinión pública, se trata de un partido avejentado, que ha mangoneado como el que más, inmovilista, carca. El PSOE, con los mayores y más deleznables casos de corrupción a sus espaldas, ataca sin piedad, y con éxito, al PP por este motivo. Pablo Iglesias con su coleta y Albert Rivera con su juvenil sonrisa profidén parecen ser los modelos a seguir. Y, por eso, Rajoy se ha quitado la corbata.

La batalla del PP no se libra en el vestuario, sino en el campo. Rajoy no aparece encorsetado por el nudo de la corbata. Da la impresión de estarlo por su lejanía casi zen del mundo que le rodea. Está convencido, y en buena parte con razón, que lo ha hecho bien. Le parece falso y oportunista el aluvión de críticas que ha recibido desde todos los rincones. Pero olvida algo fundamental: en política no solo hay que ser, sino parecer. Y a pocos les parece que lo haya hecho tan bien como él cree.

Es reacio a cultivar a los medios de comunicación; le resulta humillante. Y lo del marketing político, hasta ahora, le ha dado grima. Pero ya se juega el pellejo. Si en las elecciones generales fuera superado por el conglomerado de izquierdas que se avecina, habrá perdido todo. Se irá a su casa y el PP se quedará hecho trizas. De ahí, el giro modernizador, el maquillaje del marketing, los altavoces para que resuenen con la bajada del paro y la remontada de la crisis. Rajoy, aunque le maree el ruido, se ha puesto al frente de la orquesta. Y ya queda poco para revalidar la victoria o ser derrotado. Aunque sea con la corbata puesta. Se trata de que sea moderna.