Opinión

Madrid VO: sin comentarios

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 16 de julio de 2015
No parece mala idea que un Ayuntamiento, en este caso uno tan importante como el de Madrid, quiera matizar o rectificar informaciones que aparecen en los distintos medios de comunicación, sobre todo si cree que son falsas o no han sido corroboradas.

Pero sí parece un juego peligroso aceptar las reglas absolutas de Madrid VO, porque nadie puede atribuirse estar en posesión de la verdad absoluta y, sobre todo, porque huele sospechosamente a lo que se hace y viene haciendo en regímenes en los que no se respetan derechos fundamentales como el de expresión o el de información.

A riesgo de que parezca otro caso de ‘ombliguismo’ profesional, el periodismo debe ejercer siempre como contrapoder al Estado. Si el Estado pone límites a este control de los medios de comunicación, se vulneran principios democráticos básicos como el derecho a informar y ser informado.

La información tiene que ser veraz y no siempre es así. El periodista tampoco está en posesión de la verdad única. Por otra parte, la opinión es libre siempre que no atente contra ningún derecho fundamental. Por esto, para rectificar una información están los gabinetes de prensa y si no hay entendimiento, llegado el caso, ahí están los tribunales que administran justicia.

Pero no suena a nuevo este intento de control y no se trata de volver a apelar al miedo a Podemos por lo que puede ser un Gobierno con su nombre, lo que sucede es que si no tranquiliza que el Gobierno de Venezuela considere a la prensa como su “enemigo absoluto” o que en Irán haya una ausencia total de libertad de expresión, mucho menos que Pablo Iglesias haya dicho que “la existencia de medios de comunicación privados ataca la libertad de expresión” y que por eso está a favor de regularlos desde lo público.

En esta línea, habría que profundizar en los pensamientos de la alcaldesa de Madrid para saber si esta web corregidora es un intento de censura. Quizá de momento no, pero sí condiciona la labor informativa, con lo que ya se está ejerciendo una presión sobre el informador que no agrada al objeto de la noticia.

Por otra parte, no parece que sea tan ecuánime que un portal creado para desmentir noticias no admita comentarios y explicaciones sobre la información dada de los medios que las publicaron. Lo harán desde sus propios soportes, aunque deberían poder hacerlo desde la misma plataforma pública, de todos, que los ha mandado “al rincón de pensar”, que se dice ahora.

En lo que habría que reparar es en que quizá el listado de “renuncios” que lleva ya acumulados la alcaldesa de Madrid sea la consecuencia lógica de un programa electoral basado en ideas y ocurrencias y no en propuestas firmes. Una mayor claridad en la exposición de propuestas y una acción de gobierno más solvente no habría llevado a publicar unas informaciones que, evidentemente, no han gustado al equipo de Carmena obligándoles, casi como reacción desesperada a su impotencia, a abusar de su poder con una herramienta que coacciona y limita.

Afortunadamente, será el ciudadano, gracias a una prensa plural, el que decida si opta por un medio u otro. No necesita que el Ayuntamiento, juez y parte en esta historia, le diga lo que tiene que creerse. La credibilidad o no se la ganará el periodista con su trabajo. De lo bien o mal que lo haga dependerá su futuro.

Decía Thomas Jefferson: “He jurado ante el altar de Dios hostilidad eterna contra toda forma de tiranía sobre la mente del hombre”. Me temo que muchos que opinan igual obligarán a Madrid Versión Original a publicar más entradas corrigiendo las informaciones a este respecto. Aunque tampoco sé si durará mucho la “web de la verdad”.

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