Traducción de Lucía Vodanovic. Ediciones Universidad Diego Portales. Santiago de Chile, 2015. 334 páginas. 32 €
Por Katherinne Lincopil
Walter Benjamin ha sido reconocido como uno de los pensadores más importantes del siglo XX. Su visión de los procesos de modernización, la historia, el arte, la poesía, los efectos y potenciales de la tecnología y su afiliación al pensamiento comunista, conformaron solo algunos de los flancos desde los que posicionó su aparato crítico.
Abordó no solo disciplinas académicas -de las que fue ampliamente crítico- sino también todo lo que tocaba su mundo. Benjamin estaba, en cierta forma, poseso de una capacidad de entramar el pensamiento en imágenes. Leía su realidad tanto desde su formación intelectual -que alimentó con ímpetu y constancia- como desde esa sensibilidad tan particular por la que ha sido valorado hasta nuestros días. La construcción de esa forma de aproximación al mundo es lo que intenta presentarnos esta biografía escrita por Esther Leslie, y traducida finalmente al español por Ediciones Universidad Diego Portales para su colección “Vidas Ajenas”.
El retrato que Leslie hace de Benjamin no pretende representar una idealización de este como personaje, ni narrar una historia épica de su vida. En cambio, propone una lectura entrelazada que da cuenta del universo íntimo y social que conformó su pensamiento y su historia. Sus cartas, manuscritos, relaciones, amores y desplazamientos por la Europa de principios del siglo XX, se imbrican para narrar su vida, pero también para armar un mapa de su obra. La voz de la autora se entremezcla con la voz de Benjamin recogida acuciosamente desde el pasado. Sus ideas sobre grafología, psicología, magia y misticismo convergen con la emergencia de su pensamiento radical. La obsesión de Benjamin por los cuentos para niños, las bolas de cristal llenas de agua que al agitarse activan un microcosmos, los pasajes de París, y su experimentación con drogas, sirven para ilustrar a un curioso insaciable, con una capacidad de asombro inagotable.
Sus problemas económicos empañarían este ánimo vivaz. Las dificultades propias de un pensador de origen judío-alemán en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, harían de su existencia una lucha diaria. La melancolía que generalmente es atribuida a Benjamin aparece en esta biografía causada por sus dificultades materiales más que por un espíritu romántico. Benjamin tomó la decisión de dedicar su vida a la escritura y al pensamiento hasta el final de las consecuencias. Una decisión que lo alejó de las comodidades acostumbradas a su clase social, aislándolo y agotándolo mental y físicamente. Su cuerpo y su mente estarían completamente abocados a su trabajo de escritor y pensador. No regalaría una gota de su energía a nada más.
El final de la vida de Benjamin es ampliamente conocido. Su suicidio en Portbou es tan trágico y doloroso en sí mismo, como un ejemplo de los límites a los que fueron forzados los enemigos del fascismo. De todos modos, esta biografía es capaz de atraparnos hasta hacernos dudar de este final y de generar expectativas al punto de contradecir lo que la historia ya sabe. Quizás muy parecido al efecto Romeo y Julieta, uno espera en la lectura de este libro que Benjamin encuentre una salida, que la muerte le pase por alto o que algo pudiera ser distinto.
Quizás por eso y tan certeramente, el epílogo de este libro comienza con una fantasía del artista Lutz Dammbeck. Una especie de final alternativo al suicidio que intenta subsanar la pérdida al lector. Testigos de una vida de la que nos hace parte Leslie, vivimos el “luto de la última página” con más intensidad que de costumbre.