El Festival Lírico Arena de Verona celebra este verano su edición número noventa y tres.
Porque a la recoleta ciudad del norte de Italia, con su tan característico anfiteatro romano, se la conoce, sobre todo, por la trágica historia de amor entre los vástagos de dos familias enfrentadas, los Capuleti y los Montescchi, que hunde sus raíces en una antigua historia – o leyenda – y que Shakespeare se encargó de convertir en mundialmente famosa. El mítico balcón es, por supuesto, visita obligada para los turistas y no solo para los enamorados que dejan sus declaraciones de eterna pasión en todos los recovecos de la irregular piedra del palacete del siglo XII en el que, presuntamente, vivió la joven Julieta. Y tantos son los mensajes de amor que el Ayuntamiento tiene que retirarlos al menos dos veces al año, la víspera de San Valentín y el 17 de septiembre, fecha del cumpleaños de Julieta. Sin embargo, cada verano, la palaciega morada de Julieta tiene que compartir el protagonismo con una de las estructuras romanas mejor conservadas, donde se programan diversas óperas – por lo general muy de repertorio – a las que acuden aficionados de cualquier parte del mundo.
El anfiteatro, construido en mármol rosa e impecablemente conservado, es el tercer coliseo más grande de Europa y tiene capacidad para 30.000 espectadores. Cuenta, por otra parte, con el fundamental reclamo con una impresionante acústica y un inmenso escenario que permite jugar con escenografías de todo tipo: desde lo clásico – que en general es lo que vienen buscando los turistas – hasta determinados despliegues de vanguardismo impensables en 1913, año de la primera edición del Festival de Verona. De hecho, aquí los directores de escena cobran una especial importancia, ya que el marco de la Arena permite un gran despliegue de imaginación y espectacularidad.
Por lo que se refiere a la presente edición – del 19 de junio al 6 de septiembre – la programación incluye 54 representaciones de grandes títulos operísticos, dos galas especiales – la primera en homenaje a Bizet para conmemorar los 140 años de la primera representación de Carmen en la Ópera Cómica de París - y el esperado regreso de Carmina Burana, el 23 de agosto. Nabucco, sin duda uno de los títulos más apreciados por el público fiel a la Arena, ha sido este caluroso verano la obra encargada de inaugurar el escenario, a la que ha seguido Aida con puesta en escena a cargo del prestigioso Franco Zeffirelli. Tosca, en la producción de 2006 dirigida por Hugo de Ana; Don Giovanni, también a cargo de Zeffirelli, y El barbero de Sevilla, de nuevo con el argentino Hugo de Ana dirigiendo la escena, completan el programa. Un programa que finaliza, como no podría ser de otra forma, con el drama de Romeo et Juliette, de Charles Gounod, con representaciones los días 8 y 21 de agosto y el 3 de septiembre.