Opinión

Reforma electoral: la segunda vuelta, fundamental

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 23 de julio de 2015
Sin duda, la reforma electoral presentada en el Congreso por el PP suena a cabreo de Rajoy tras el desastre en las elecciones del pasado 24 de mayo y ver la pérdida evidente de poder como consecuencia de los pactos entre el resto de formaciones a pesar de haber sido el partido más votado.

Y puede que sea así. El PSOE atribuye esta reforma a la incapacidad del PP para pactar, en Ciudadanos lo han tildado de “cacicada” de Rajoy y Podemos, por su parte, tacha al presidente del Gobierno de “mal perdedor” que intenta vengarse tras perder en las grandes ciudades, pero lo que va a suceder es que todos van a tener que mojarse y explicar qué proponen ellos, cuál es su idea de un sistema electoral justo y de qué manera se puede hacer que haya más democracia.

El PP sabe que no da tiempo a aprobarse esta reforma electoral antes de que se disuelvan las Cortes y no le importa porque su intención es obligar de esta forma al resto de formaciones en la oposición a pronunciarse sobre un sistema siempre debatido por los que se vieron perjudicados.

Y digo yo: ¿Una reforma electoral ahora es cambiar las reglas del juego a mitad del partido? Por otra parte, ¿cuántos ciudadanos han visto cómo el beneficio de su voto no era para quién había votado?

Si parece que lo que ha sucedido en muchos ayuntamientos y comunidades autónomas, efectivamente, no representa la voluntad de los ciudadanos. No se pueden aceptar pactos contra natura únicamente para que no gobierne el PP.

La eterna pregunta es: ¿qué es más democrático, aceptar lo que vota la mayoría o aceptar lo que no quiere una mayoría aún mayor? Es decir, aceptar que gobierne el PP en Madrid porque ha sido la formación más votada o aceptar que gobierne una mayoría, aunque esté formada por varios partidos de distintas ideologías y tendencias, porque tienen como objetivo que no gobierne el PP?

Todo, al final, se reduce a los pactos postelectorales, a la capacidad, como decía Pedro Sánchez de Mariano Rajoy, que se tenga para negociar, para llegar a acuerdos. Pero, para no desvirtuar el voto de un ciudadano que vota al PSOE y no a Podemos o que vota a Ciudadanos y no al PP o que vota a IU y no al PSOE, lo ideal sería que el votante conociera con qué partido pactaría cada formación.

Para ello, la reforma contempla la figura de la segunda vuelta. Punto acertado y muy necesario porque, ante el actual abanico de posibilidades que se abren tras los resultados de unas elecciones, se conseguiría que fueran los propios ciudadanos los que decidieran los pactos. Y eso, al final, sí que es más democrático.