LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS
José Antonio Ruiz | Viernes 24 de julio de 2015
¿España? Yo de ti me acogería al derecho a no declarar, así se ponga farruca la alcaldesa patética de Barcelona mandando a los ujieres con la escalera y la caja de cartón para que retiren el busto regio del Borbón del salón de plenos del consistorio el mismo día que el hijo del “desahuciado” de la activista anti desahucios giraba visita a la Ciudad Condal. ¡Hay que tener malas tripas! Si al menos fuera una mujer coherente, lo que debiera haber hecho es aprovechar el hueco dejado por la cabeza de bronce para colocar en su lugar, como sugiere Santi González, la estatua de Jordi Pujol i Soley que alguien arrancó de su pedestal en Premià de Dalt, por ser la representación más genuina de la Catalonia oficial.
Es lo que tiene la “fiesta de la democracia”, que cuando los incautos o los tarados son mayoría y elevan a los altares a los falsos chamanes, bien nos podemos dar por jodidos todos.
Ajena al ridículo, la muy mezquina corregidora ha anunciado también que no tiene intención de ir a misa el día de La Mercè, virgen, patrona, y al paso que vamos, también, beata y mártir, porque verdaderamente hay que ser un bendito para aguantar a tanto fantoche, nostálgico del facherío, y no perder la fe ni los estribos en un país que se pasa el día y la noche ‘procesionando’ como los flagelantes de Perugia. Señora Colau, el busto es mío.
Arturo, el caudillo del triste mentón, se ha empeñado en demostrar que Catalonia, como el Sol, gira alrededor de la Tierra. Y a fe que con dos cojones y las asistencias, siempre interesadas, de Pepe Guardiola, el ex cerebro sedicioso y narciso de la selección española, acaba doblegando los argumentos de Copérnico, de Kepler y hasta del mismísimo Galileo Galilei. Mira lo que te digo, compadre: al tiempo, acabará hablando con los muertos, como Víctor Hugo.
Y en estas que, como recién salido de una farsa de Molière, Revilla se ha vuelto a ir de la lengua, al revelar que el monarca ve «irreconducible» el plan de Mas, pues «no hay arreglo posible» del desaguisado, aunque está por ver dónde acaba la versión oficial de los hechos y donde empieza el relato imaginativo del Tío Miguel, que acostumbra a venirse arriba cada vez que visita la Zarzuela, se planta delante del cuadro de El Atleta Cósmico de Dalí y se palpa los bíceps y el paquete, como queriendo reconocerse en la pintura.
Ni el Rey podía ser más explícito, ni el rey de las anchoas de Santoña más indiscreto, pues hay que ser un ‘bocas’ sin remedio para pecar de semejante incontinencia. La próstata, bien, gracias. Ya, si eso, dejamos para otro día lo de la prueba del dedo.
En tono guasón, el presidente cántabro también ha advertido, ojito, «que no se ponga tonto Más, que el pantano del Ebro está en Cantabria». Como si fuera ayer y no hubiésemos escarmentado, el frente del Ebro sigue omnipresente y de vez en cuando volvemos a las trincheras o a las barricadas.
Bernard Shaw dejó escrito que «la política es el paraíso de los charlatanes», cuando Miguel Ángel no era siquiera un cigoto, producto de la fusión de los gametos de sus progenitores.
Y Doménico Cieri dejó dicho desde Querétano, donde Fray Junípero Serra, que «el necio es un tirano a la medida de sus posibilidades». El cacumen del señorito de las Ramblas no da ni para eso, pero está haciendo un daño que va a ser muy difícil de restañar, por mucho que siempre podamos echar mano del artículo 155. Y no me obligues, Arturo, a tirar de la rima, que me conozco, y no quisiera saltarme la cura de desintoxicación de tacos, ahora que en contra de mí voluntad me estoy rehabilitando, coño.
No parece que la actitud más juiciosa sea “ir a los engaños”, o sea, entrar al trapo, a cada cite del bombero torero o de alguno de los banderilleros de su cuadrilla. Pero lo mismo vamos a tener que ir pensando de qué manera comenzamos a responder, si no a las provocaciones, sí a las ofensas de unos sujetos que hasta se permiten la licencia de ponerse de puntillas para tratar de ganar la altura moral que les falta, en plan ‘chuloplayas’, a la vista de que nadie pone freno a sus macarradas.
Mejor será que no adelantemos acontecimientos y ojalá me equivoque, o sea, pero el 11 de septiembre se puede liar una bien gorda en la Avenida Meridiana, a cuenta de la Diada, dieciséis días antes de la charlotada referendaria. Como dice José Mota: «Mucho yoga, pero donde se ponga una buena romería…».
Aunque los haya que ahora lo ponen en duda, doy fe, vida mía, que el Hombre ha estado en la Luna.