Opinión

No solo es la Economía

PENSANDO EN VOZ ALTA

Manuel Sánchez de Diego | Lunes 27 de julio de 2015

“Es la economía, estúpido” fue una de las frases empleadas en 1992 por Bill Clinton contra George Bush padre. Quizás la más famosa. Si se me permite una precisión, a nuestros actuales gobernantes les completaría esa frase con un: “NO es solo la economía”.

El Partido Popular después de apretar el cinturón al ciudadano medio para afrontar la heredada crisis económica, se ha encontrado con que sus votantes, aquellos que les otorgaron la mayoría absoluta en noviembre de 2011, están dándoles la espalda. Perdieron en torno a los 2 millones seiscientos mil en las elecciones europeas de mayo de 2014 en relación a las de junio de 2009. La pérdida de votos en las elecciones municipales fue de poco más de 2 millones cuatrocientos mil entre mayo del 2015 y el mismo mes del 2011. De forma gráfica en las elecciones europeas, cuatro de cada diez dejaron de votar al Partido Popular y, en las municipales, prácticamente fueron tres de cada diez. En las próximas elecciones al Congreso de los Diputados la incógnita es aventurar cuantos de los casi once millones de votos de noviembre de 2011 (10.866.566 para ser precisos) dejarán de votar al PP.

El Partido Popular se ha encontrado en esta situación porque sus compromisos electorales los han incumplido o su cumplimiento ha sido deficiente. Sí, ya sé que se puede achacar a la crisis la necesidad de subir los impuestos, en lugar de bajarlos como prometieron. Pero la política del PP ha castigado a sus votantes y no sólo económicamente, también mentalmente. Desde luego, la crisis económica no sirve de justificación para no que no se derogase la Ley del Aborto de Bibiana o la Ley de la Memoria Histórica. Tampoco para aprobar una deficiente Ley de Transparencia y un futuro Reglamento de Transparencia Opaca. O para castigar económicamente a uno de sus feudos, Madrid, a costa de otras regiones tan ricas. Algún día habrá que hablar de la “Justicia Económica” y los beneficiados que obtienen Cataluña, el País Vasco y Navarra. Al final parece que la frase “el que no llora, no mama” funciona incluso a nivel del reparto de los fondos de todos los españoles.

Ahora, a toda prisa se trata de legislar y de poner más dinero en los bolsillos de los españoles. La economía es la tabla de salvación del PP. No creo que sólo eso sea suficiente para evitar que unos tres millones de votantes no voten al PP en las próximas elecciones.

En estos momentos hay otras opciones a nivel nacional que el “PSOE cara bonita” o que el “Podemos capitalizar el cabreo”. Ciudadanos se ha colocado como la alternativa seria, responsable, constitucionalista y nada extremista. En sus recientes pactos a dos bandas –PSOE en Andalucía y PP en Madrid- ha centrado su discurso. La falta de estructura y de líderes intermedios puede incluso resultarle una ventaja, pues está acudiendo a la sociedad civil para reclutar a una novelista joven y con prestigio, un académico de la London School of Economics, un expresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores… Siempre con un especial cuidado de que sean personas alejadas de la corrupción. Ciudadanos es el quebradero de cabeza de los estrategas del PP, por un lado son sus rivales más directos, por otro son los socios naturales de cualquier pacto político en el futuro.

Si alguien del PP me pide consejo, que no lo han hecho, tengo muy claro que decir. Deben de mejorar la economía, no de los grandes números, sino la cartera de la clase media. Además, su programa electoral debe ser coherente, dispuesto a ser cumplido y orientado hacia ese gran grupo de personas que constituyen la mayoría silenciosa y que va desde la derecha hasta el izquierda moderada. Un programa en donde se encuentren propuestas de simplificación de nuestro sistema político y del ordenamiento jurídico, mejoras sociales, menos leyes pero que se cumplan, transparencia real, un marco de libertad para que emprendedores e inversores puedan crear empleo. Pero todo eso no basta, deben además de aterrizar entre los españolitos de a pie. Esos significa escucharles, proponer soluciones, volver a escucharles, fichar a aquellos que sean líderes en su ámbito universitario, social, médico, cultural… y, en definitiva, convencer al público que no son casta política, sino parte de la sociedad. Eso es lo que ya están haciendo otras fuerzas políticas, desde los independentistas a las nuevas fuerzas políticas.

A una gran mayoría de los políticos del PP les pierde ese punto de prepotencia que hace que sus votantes más convencidos acudan a votarles haciendo un gran esfuerzo, por no decir tapándose la nariz con los dedos, cuando a la soberbia se une la corrupción. No sé si con mucha o poca razón, pero existe una opinión muy extendida que muchos de quienes están en política independientemente de las siglas políticas, es por el poder o por el negocio y, eso en algún momento debe cambiarse. Las responsabilidades políticas deben de asumirse más por devoción que por profesión y, en todo caso, con la idea clara que quienes las ejercen son servidores públicos.