Editorial

Turquía combate el Estado Islámico, pero se ensaña con los kurdos

EL IMPARCIAL | Martes 28 de julio de 2015
Los bombardeos iniciados por Turquía contra el avispero bélico que prolifera en sus fronteras se está convirtiendo en un cuchillo de doble filo capaz de desestabilizar la política interior turca y tensar aún más sus relaciones con Europa. Los cazas turcos, solo en una mínima parte, han castigado las posiciones de un Estado Islámico (EI) que se aproxima cada vez más a sus límites fronterizos. Pero estos ataques también han servido para enmascarar operaciones aéreas mucho más agresivas contra los enclaves kurdos asentados en las montañas de Irak, verdadera bestia negra y auténtico objetivo codiciado por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Mala decisión de los actuales dirigentes turcos. A nadie se le pasa por alto que las únicas fuerzas desplegadas en el terreno que han hecho frente con eficacia al Estado Islámico han sido las milicias kurdas. Dotadas sólo con armamento ligero, desprovistas de grandes infraestructuras y carentes de material pesado, los kurdos han hecho gala de resistencias heroicas y han llevado a cabo ofensivas valerosas e intrépidas contra el califato suní que bien pueden considerarse auténticas gestas, donde ni Estados Unidos ni en general Occidente se han atrevido a desplegar tropas de infantería, y el ejército irakí y las milicias chiíes se han volatilizado sin orden ni entereza. Hostigar a las posiciones kurdas desde un país perteneciente a la OTAN constituye una acción descabellada que solo puede conducir a empeorar la ya de por sí infernal situación en la zona. Las Unidades de Protección Popular (UPG) kurdas son el único contingente capaz de encararse con la brutalidad del califato, y las autoridades de Ankara hacen un pésimo servicio dirigiendo su artillería contra ellas. Otro tanto puede decirse de la embestida de los F-16 turcos contra el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) en Irak, pues supone un punto final a las negociaciones de paz comenzadas en 2012 y la apertura de otro foco de acción bélica que también repercutirá en la política interior de Turquía, desestabilizándola.

Las cancillerías occidentales han reaccionado al unísono alentando un incremento de los bombardeos contra el Estado Islámico y una vuelta a las conversaciones de paz con los kurdos. Unos acuerdos que con toda seguridad obtendrían más ventajas que las logradas con las cargas explosivas que dejen caer las escuadrillas de cazas. Pero Erdogan está embarcado en una política ultranacionalista que le proporcione los votos necesarios para volver a controlar el país tras unas inminentes elecciones anticipadas. El islamismo moderado que él representa da así un paso más en el desacuerdo con Occidente y complica todavía más sus vínculos con Europa, quedando ya muy lejos sus pretensiones iniciales de pertenecer a la Unión Europea.