Viernes 31 de julio de 2015
En las últimas elecciones municipales y autonómicas, la izquierda madrileña dibujó un panorama desolador en el que poco menos los niños se morían de hambre por las esquinas en la capital de España, como punta de lanza de algo que también sucedía en prácticamente todo nuestro país. Especialmente, la hoy alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se empleó a fondo para transmitir a la población unas cifras de niños hambrientos que ponían el corazón en un puño y, naturalmente, auparse como la salvadora de esos pequeños que parecían salidos de las páginas más negras de las novelas de Charles Dickens, con esas pandas de niños en la miseria y abandonados a su suerte.
Pero, como suele ocurrir con el populismo y la demagogia, la verdad se impone frente a la manipulación, pues la realidad nada tiene que ver con lo que quiso hacerse pasar como tal. Nadie niega que haya familias en Madrid y en toda España que estén pasando dificultades -aminoradas por los recursos solidarios a los que pueden apelar-, pero de ahí a lo presentado por la izquierda media un abismo. Ahora, organizaciones como Unicef, pediatras, y ONG han puesto las cosas en su sitio, señalando que esa desnutrición por falta de alimento es prácticamente nula en nuestro país, advirtiendo que lo que sí está extendido, y habría que corregir, es la malnutrición como resultado de desequilibrios en la dieta. Algo que, evidentemente, hay que abordar, quizá con campañas explicativas para que se tome conciencia del problema, pero que nada tiene que ver con la estampa de niños muertos de hambre, llegando a decir Manuela Carmena que en esa situación se encontraban en Madrid casi veintiséis mil pequeños.
Y, sobre todo, se ha producido un hecho incontrovertible: la escasísima demanda de plazas de comedores escolares veraniegos. Desde el pasado 16 de junio están abiertos en la Comunidad de Madrid ciento sesenta comedores escolares de setenta municipios, puestos en funcionamiento por decisión de la presidenta de la Comunidad madrileña, Cristina Cifuentes. En esos comedores estaba previsto acoger a cinco mil quinientos niños. Pero la demanda apenas ha cubierto seiscientas plazas, lo que revela bien a las claras que la izquierda agitó el espantajo de la supuesta desnutrición infantil con fines de electoralismo demagógico, muy alejados de lo que vendieron como preocupación por los niños famélicos.
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