Opinión

Menos cojones y más melones

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

José Antonio Ruiz | Viernes 31 de julio de 2015
¡Cuestión de pelotas! La España testicular, a un huevo ha estado de costarle un disgusto al abajo firmante. Por un instante se ha mascado la tragedia y los huevos al plato. A un volantazo ha estado este cronista de empotrarse con el auto en el pedestal de la estatua ecuestre de Espartero que hay plantada como un nabo en la calle Alcalá, frente a la puerta de Hernani, en el parque del Retiro, en el empeño de comprobar personalmente sobre el asfalto, a fin de poder escribir esta sátira con conocimiento de causa periodística, si el caballo de Baldomero, el valeroso General que tanto rédito sacó al ‘Abrazo de Vergara’, tenía los huevos de grandes como la fama que le precede, o más bien fue una leyenda urbana.

Van a dar lugar, o sea, a que algún tarado de gatillo mental fácil, recién salido de las cavernas, tire por el camino de en medio y se eche al monte, tratando de arreglar el pifostio por su cuenta, a hostia limpia. Lo único que nos faltaba ahora para dar el descabello al toro ibérico, es un amago ‘paracivil’, nostálgico de las ‘camisas pardas’ nacionalsocialistas o de las ‘camisas negras’ mussolinianas.

La autotutela es la fórmula más primitiva y retrógrada de entre todas las alternativas conocidas de solución de conflictos y por eso está erradicada de los ordenamientos jurídicos internos de los países medianamente civilizados; aunque también los haya que se tiran el moco de ser demócratas, y siguen asilvestrados, alentando venganzas por cuenta propia, como en tiempos del Far West.

Sería una regresión al pasado de consecuencias impredecibles, en cualquier caso nefastas, que alguien planteara la posibilidad de hacer frente, sin pasar por los instrumentos legales del Estado, a la intentona golpista que traman todos estos resentidos que están haciendo méritos para cargarse, no ya España, sino la convivencia de todos los ciudadanos.
Por eso, se supone que estamos en nuestro derecho de exigir al Estado, al Gobierno y a la oposición civilizada -¿Hay alguien ahí?-, que no abjuren de su responsabilidad en un momento crucial donde se está decidiendo el destino del cortijo, descargando en esa cosa que responde al mantra de ‘sociedad civil’ un cometido que no le corresponde. Si se privase del derecho de voto a los incapaces de hacer uso de la razón, la democracia sería una verbena de minorías.

Al paso que va con su matraca federalista, Pedro Sánchez acabará convirtiendo a Zapatero, el Pacificador, en un estadista, pues está demostrando una ignorancia y una imprudencia difícilmente superable, por mucho que se afane en ahuecar la voz y en ponerse campanudo.

Y Mariano, con su arriolismo extremo y sus chapuzones en el río Umia, terminará por convencernos de que el Gobierno que debiera proteger nuestros intereses, junto con el resto de poderes del Estado, ha llegado a un extremo tal de acojonamiento, que ya no tiene muy claro cuál sería la opción menos gravosa para los intereses generales de los parroquianos: si la defensa desacomplejada de la legalidad, o el ‘bordeamiento’ calculado de la presunta prevaricación de Estado por la vía de la dejación de funciones, que supondría dejarnos sodomizar, conscientes de la violación, sin mostrar resistencia, apelando al mal menor. Cuánto de jodido vislumbrará Rajoy el panorama en Catalonia, como para echarse en brazos de García Albiol. Definitivamente el reino del Premier no es de este mundo. O no llega, o se pasa de frenada varias cuadras.

El riesgo más grave que corre España no es el cementerio nuclear que engendró el PSOE de Zapatero y ahora quiere enterrar el PSOE de García-Page, a cuenta de las avutardas. El peligro más inminente es el camposanto de animadversiones que se está fraguando al otro lado del frente del Ebro y de Pajares, en el País Vasco, en Navarra, en Baleares y en vaya usted a saber si en el cantón de Cartagena.

A falta de canción del verano y del posado de Anita Obregón, que ya está más para taparse que para enseñar, aunque suene machista, y en verdad lo es, la confesión del verano la ha hecho el ex alcalde de Valdemoro, el ex pepero José Miguel Moreno, señalado en la trama Púnica, confesando al empresario David Marjaliza que se hizo diputado para tocarse los huevos. ¡Qué nivel, Marivent!

Aunque para huevos, los del futbolista portugués Nuno Silva, personándose en su presentación como nuevo jugador del Real Jaén, donde los aceituneros altivos de Miguel Hernández, enfundado en una camiseta con el careto de Franco. El nene llega a fichar por el Sporting de Lisboa, y aparece con una camiseta estampada con la efigie de Salazar; encuentra un equipo en Camboya y se viste con un retrato de Pol Pot; llega a jugar en la Lazio y se disfraza de Benito; lo llama Guardiola a Alemania y se presenta con el uniforme esvástico de Hitler. Como la criatura piense igual con los pies, los jaeneros ya se pueden dar por jodidos, porque el descenso está asegurado. ¡Pobre chico! Alega desconocimiento el ignaro pelotero. Cien años de perdón. ¡Bastante desgracia tiene, pues en su ignorancia lleva a cuestas su penitencia!

Tampoco yo sé, querido Albiac, si son los libros que he leído fuente de placer o de martirio. Ni quiero ponerme petulante, que no es plan con esta calorina que me está friendo los sesos, y que parece ser la causante de la picada de huevamen de Raúl del Pozo. Sólo sé que a menudo me hacen sentir un ser atormentado, dicho sea sin exagerar. Benditos libros, sin los cuales, tú como yo seríamos unos imbéciles –lo cual, aun así está por ver que no lo seamos-, ajenos a la tragedia que viene de camino.

Ahora resulta que Nacho Duato no se siente español, y la única bandera que le gusta es la gitana. Si los ángeles de Victoria’s Secret han conseguido que nieve en Roma en pleno verano, es que todo es posible. Acabaremos viendo burros volando y lo consideramos un algo normal. Definitivamente los tarados están ganando el partido y sólo nos queda aceptar la derrota y marcharnos a llorar desconsolados en el vestuario.