Cultura

Festivales de verano, escaparate en Europa de jóvenes músicos españoles

PARTICIPARÁ, ENTRE OTROS, EN EL HISTÓRICO DE GSTAAD

Alicia Huerta | Lunes 03 de agosto de 2015
Participará, entre otros, en el histórico de Gstaad. Por Alicia Huerta

Durante los meses de verano proliferan en el mundo –especialmente en el corazón de Europa- festivales dedicados a todo tipo de géneros musicales. Entre los consagrados a la música clásica los hay de muy distinta índole: los heterogéneos, los dedicados a una categoría de composición concreta (música antigua, contemporánea, lírica, sinfónica, de cámara), a un autor (el Salzburgo de Mozart, el Bayreuth de Wagner) o los creados en su día por una figura relevante y que con el paso de los años han terminado convirtiéndose en una cita histórica, como es el caso del Menuhin Festival de Gstaad. Yehudi Menuhin y su familia llegaron a Gstaad en 1957 y ese mismo año, el músico fundó el Festival que lleva su nombre y la Academia Gstaad fascinado e inspirado, según él mismo reconoció, por la fuerza de la naturaleza de su paisaje.

Muchas de estas reuniones artísticas, además de ser muestra de esperadas propuestas y una oportunidad única de escuchar en vivo a algunos de los interpretes actuales más ensalzados, son también un excelente escaparate para corroborar definitivamente el talento de esos ”nuevos” músicos que ya despuntan de forma notable y que están llamados a protagonizar el próximo relevo generacional. Entre estos valores nacientes se encuentran algunos jóvenes solistas españoles que dejaron su país de origen para abrirse camino desde otros territorios donde la música clásica es tradición secular. Son muchos los que lo intentan y hoy nutren con brillantez plantillas de orquestas de toda Europa, pero pocos los elegidos que logran consolidarse como auténticas estrellas de su instrumento.

Este último es el caso del clarinetista sevillano Pablo Barragán, que hace siete años se trasladó a la ciudad suiza de Basilea para terminar de formarse y emprender desde allí su carrera como instrumentista. Tras sus últimos éxitos, que se remontan a su participación como solista en el Festival de Lucerna de 2013, está considerado como uno de los mejores clarinetistas de Europa. El Osterfestival de Swiss Chamber-MusicCircle, por ejemplo, lo ha señalado como uno de los más grandes intérpretes de clarinete en el continente, tras la actuación que ofreció en la edición del pasado mes de abril. Un reconocimiento que también le ha llegado del compositor Jean Luc Darbellay.

Este verano, Pablo Barragán participará en el Hirzenberg Festival y en el Festival de Montecastelli Pisano, así como en el histórico Menuhin Festival de Gstaad, donde acompaña en el cartel a músicos como la violonchelista Sol Gabetta, el director de orquesta Paavo Järvi, la pianista Katia Bunatiashvily o los pesos pesados españoles Jordi Savall y Cuarteto Casals. Será el próximo 22 de agosto y, después, por supuesto a seguir viajando. Maleta y clarinete, para los conciertos que el joven músico dedicará a las dos indiscutibles “master pieces” para clarinete de W.A. Mozart, el Concerto KV 622 y el Quinteto con Clarinete KV 581, que ofrecerá a lo largo del mes de septiembre junto a la Neues Orchester Basel en Suiza o en colaboración con el Goldmund Quartet para el ciclo de cámara de Wuppertal en Alemania.

Su participación en Gstaad será en la Matinée des Jeunes Etoiles, y el propio festival, por el que han pasado grandes artistas de cada periodo, ha querido destacar la creciente popularidad en Europa de Barragán a pesar de su juventud. La dirección del Menuhin Festival también pone de manifiesto que muy pocos son los artistas "Jeunes Etoiles" (‘Jóvenes Estrellas’) que se han atrevido a proponer un programa tan amplio y diferente. Debussy, Schumann, Duparc, Brahms, Chausson, Fauré, Grieg y Prokofiev, un concierto tan sorprendente y atractivo para el aficionado, como complejo para el intérprete que estará acompañado por la sólida pianista Maki Wiederkehr. El programa es, en todo caso, claro y afortunado síntoma de artista exigente: cuando recibió el Premio Credit Suisse de Jóvenes Solistas en 2013, el clarinetista español afirmó que él nunca salía al cien por cien feliz de sus conciertos. Y esta es, sin duda, una característica propia de los grandes, también una de las señas de identidad legadas por su maestro François Benda, con quien comenzó a estudiar en Basilea en 2009.

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