Los grandes líderes de Silicon Valley están invirtiendo millones en empresas biotecnológicas. Y tienen un objetivo principal: burlar a la muerte. Hay quienes afirman que es posible y hasta necesario eliminar el envejecimiento o incluso el desenlace por fallecimiento. Es más, el cirujano italiano Sergio Canavero ya tiene previsto hacer el primer trasplante de cabeza de la historia en un plazo de dos años. El famoso experto ha reconocido haber tenido contactos de varios envejecidos multimillonarios interesados en hacerse con un nuevo cuerpo; si bien ha rechazado el dinero ofrecido porque estos presuntos mutantes persiguen a toda costa la idea de mantenerlo en riguroso secreto y en plena exclusividad para ellos, a lo que el cirujano se ha negado considerando que algo así debe ser público. Ningún problema por ello, el objetivo de alcanzar la inmortalidad está en manos de expertos médicos y de aquellos acaudalados interesados en financiarlo.
Sabido es que esto de morirse es una costumbre que viene de antiguo, pero no me negarán que lo de vivir para siempre nos abre unas expectativas que pone en cuarentena muchos de los ideales que la raza humana suele coleccionar. No es lo mismo hacer planes para la próxima Semana Santa, por ejemplo, que dejarlo para dentro de quinientos años, dado que gozaremos de tiempo y juventud eterna. Puestos a imaginar, piensen en lo de estar comiendo torrijas de por vida. La parte menos ilusionante será la de pagar cada nuevo año plus valías inter vivos, pues las de mortis causa se habrán suprimido y claro, dejar de ingresar en las arcas públicas por culpa de no morirte jamás les confirmo que no entra en cálculos recaudatorios de ningún afanoso ministro de Economía y Hacienda. O sea, tendríamos Montoro o sucedáneo para siempre.
Vivir sin tener que morir –se supone que por causas naturales- puede traer pretexto de matar al prójimo por cansancio vital. Supongan a un presidente de comunidad de vecinos aficionado a las derramas extraordinarias,-ejemplo tomado al azar, sin ir más lejos- Imaginen para siempre en los que no guardan para sí otra cosa que lo inaguantable de su existencia, ya saben, aquellos seres infumables entregados al delinque continuo y claro está, da mucha pereza esperar a una justicia tan lenta como la nuestra y con tanta falta de independencia como acostumbra. Algo positivo, pues que la jueza Alaya seguiría en sus trece, sin darse por vencida a base del arrojo constante que la caracteriza en aplicar la Ley y achicando espacios a los corruptos de los ERES en Andalucía. Eso sí, de por vida otros seguirían haciéndola la ídem imposible.
Como queda dicho, hoy en día lo de morirse está al alcance de cualquiera; ahora bien, mucho me temo que si la fórmula de la vida eterna es asunto de unos pocos, entonces se establecerán categorías en función de la tarifa que cada cual pueda permitirse (léase detalle más adelante). De manera que preparen dinero en abundancia si lo que prefieren es apostar por la vida sin fin porque me temo que esto no lo cubrirá la sanidad pública. Habrá que suponer que las expectativas de vida carecerán de valor y con ello las pólizas de seguros, los planes de pensiones y las residencias geriátricas, por no mencionar las funerarias, las misas de difuntos, las prestaciones por viudedad, los viajes del IMSERSO y las furibundas peleas familiares en lo de hacerse cargo de sus mayores. Todo será juventud y lozanía, pero eso sí, para algunos poderosos, mientras que para los menos afortunados, es decir, la mayoría, pues a seguir con las cremas revitalizantes y las mascarillas de día y de noche y alguna que otra oferta de inmortalidad en época de rebajas.
Que el ser humano quiera vivir eternamente o ser inmortal, pues miren ustedes, igual que cuando nos dio por ponernos alas e imitar al colibrí tirándonos a pelo desde el Empire State. Insisto, la cosa ésta de no morirse jamás es para que los multimillonarios puedan permitirse el no caer en la vulgaridad de sucumbir como lo hace el resto y claro, esto conducirá a la formación de categorías que les anuncié en otro párrafo, de tal manera que habrá seres de primera juventud, de segunda juventud para experimentos, y de tercera para recambios de los primeros, o sea, una especie de desguaces La Torre, pero en humanos.
Para Larry Ellison, fundador de Oracle y que ha donado más de 430 millones de dólares a la investigación para retrasar el envejecimiento, fallecer no tiene sentido y cree sinceramente que es algo que puede evitarse. En fin, que no hay mal que por bien no venga, y cuando los filántropos se empeñan en algo grande, pues eso, que una pizca también nos tocará a los de abajo. Así pues, gracias a estos ricachones dentro de quinientos años seguiremos participando de este espléndido periódico El Imparcial y lo mejor de todo, igual de jóvenes que hoy. Lástima que con la inmortalidad y el no envejecimiento no quedará nadie que vuelva a decirte lo de: “Chico, que bien te veo, estás cada día más joven”