Opinión

La política de los tres monos de Nikko

Sinforiano de Mendieta | Viernes 07 de agosto de 2015

Como suele decir Luis María Anson, esa actitud de los monos sabios de Kikazaru (no oye), de Iwazaru (no habla) y de Mizaru (no ve) no vale. Hay que coger el toro por los cuernos, hay que moverse, hay que dialogar hasta la extenuación y sobre todo hay que explicar y explicar, hacer labor de apostolado, descubrir sin complejos los egoísmos personales de nuestros políticos infames, la enorme deslealtad en que se está incurriendo para tapar otras vergüenzas…

Ha llegado la hora de exigir explicaciones urgentes a nuestros mal llamados dirigentes políticos, que están en la obligación de rendir todo tipo de cuentas y aportar todo tipo de explicaciones al ciudadano de a pie, empero ciudadano libre. Nos tienen que explicar el por qué se ha llegado a esta situación extrema, quién y por qué nos ha metido en este atolladero. Tienen que advertir sin fisuras de las gravísimas consecuencias que sus egoísmos personales y su manifiesta incompetencia nos van a deparar.

Si se quiere evitar el colapso del sistema, si se pretende realmente un país de ciudadanos libres, hay que empezar ya a higienizar la vida política, sin más dilación. Hay que vivificar, regenerar la vida política que tiene que estar al servicio de los ciudadanos, no de los partidos, no de los grupos de presión, no de los poderes de siempre que tendrán que realizar un ejercicio de inteligencia, realmente de altura. Y esto es especialmente necesario en Cataluña.

Habrá que salir de la aldea mental y maniquea de los diversos ismos para impulsar un discurso integrador, superando una confrontación que se antoja artificial y estéril, España daría un ejemplo de madurez y dinamismo y ganaría enormemente en imagen. En Europa y en el mundo. Ese tiene que ser el reto.

Echo de menos un discurso integrador, de superación de las dificultades por muy enconadas que estén. Echo de menos que no se reflexione sobre las enormes ventajas de aunar voluntades, de tener un discurso común que nos atañe a todos. Mucho hijo de vecino encantado con prender fuego al edificio común, mucho tío complacido con su propio discurso campanil… A veces da la sensación de que nos encantaría un nuevo estreno a lo grande de aquella tremenda poesía de Espronceda: “Desesperación”.

¿Dónde está el discurso vital y positivo? ¿Dónde está la política de altura, con mayúsculas?