Opinión

El cambio gallego o cómo comprar agentes electorales

Olga González Alonso | Viernes 30 de mayo de 2008
Que los socialistas apoyan gran parte de sus estrategias electorales en advertir de lo nefasto que sería que ganaran los otros en lugar de en anunciar las bondades de su alternativa es tan conocido como que la crisis económica era ya una señora crisis económica mucho antes de que los de
Zapatero, una vez amarrada la continuidad en el sillón, empezaran a casi admitirla hablando de recesión. Hasta dónde puede llegar la hipocresía contenida en tales estrategias ofrece más incertidumbre. Pero van dando pistas.

El PSOE de Galicia, por ejemplo, en su programa electoral por el cambio gallego con el que se presentaron a los comicios autonómicos de 2005, hablaba, con un cursi estilo de poesía de tasca, de que la vida democrática en Galicia padecía entonces "un preocupante deterioro, propiciado por la
política arrogante, opaca y autoritaria de los gobiernos populares, el acaparamiento de esferas de poder y la práctica del clientelismo político que, como la llovizna, va penetrando despacio en la piel de la sociedad". Qué bonito dominio de la metáfora. Y, frente a un Gobierno del PP que "pone
la política al servicio de los intereses partidarios", el PSdeG vendía en aquel programa unas prometedoras dosis de calidad democrática para, entre
otras cosas, "recuperar la transparencia en la vida pública".

Al margen de que la simple lectura de ese documento, conociendo la trayectoria de los de Touriño en estos tres años, bastaría para explicar por qué la mayoría de la gente no se cree lo que dicen los programas electorales, la realidad, terca como los propios socialistas en su empeño de aparentar lo que no son, le ha dado estos días la vuelta a la metáfora, convirtiéndola en puñalada contra sus propios autores y derramándola sobre todos los gallegos no como esa poética lluvia fina que aquí se llama orballo, sino más bien como chaparrón de esta primavera-otoño que estamos teniendo en Galicia.

Cuando en el Parlamento y en la prensa regionales se instalaba por enésima vez el debate sobre la necesidad de establecer un sistema que garantice la limpieza del voto emigrante, descubrimos que estos vendedores de calidad democrática que nos gobiernan son, también y en flagrante incompatibilidad comercial, compradores de agentes electorales. Aunque ellos, como es su costumbre, niegan la mayor, se ha demostrado que los socialistas pagaron con fondos de la Xunta, y bajo el disfraz de una ayuda por emergencia humanitaria, los gastos del viaje a Argentina de una emigrante retornada para que les hiciera campaña y recabara votos para las elecciones municipales del pasado año. La propia protagonista de esta historia así lo ha admitido. Ha reconocido que hizo campaña al otro lado del Atlántico para el alcalde socialista de Muxía. Se ha descubierto que la hermana enferma en Argentina que justificaba el viaje por "emergencia humanitaria" no estaba en Argentina, sino en Galicia, en las fechas en que el mismo se realizó. Y varios documentos desvelan una serie de contrataciones a esta señora por parte de entidades sindicales o asociativas ligadas al partido del presidente de la Xunta. Éstas, y otras que van apareciendo, semejan pruebas más que suficientes para transformar cualquier sospecha en evidencia. Pero los socialistas gallegos se aferran al de eso nada y se obcecan en convencernos de que cerremos los ojos con ellos. Tan empeñados están en la calidad democrática y en la transparencia de la vida pública.

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